Metafísica a Tempo: Ensayo de aproximación al Ser

Por: Adriana Labastie


El más acá y el más allá.

Me enseñaron un día que existía un “más acá” y un “más allá”. De forma muy teórica aprendí ciertas terminologías de la palabra Metafísica. Esa palabra que a muchos les da miedo. Otros piensan que quienes tratamos la Metafísica estamos “más allá” que “acá”…

…Algo así como que alguien, llamado Andrómaco de Rodas, un día ordenando, en la biblioteca de Alejandría, ciertos libros que eran de autoría de un filósofo llamado Aristóteles, que como no tenía muy claro cuál era el tema en cuestión de dichos escritos, decidió colocarlos “más allá” de los escritos sobre Física. Ta metá ta physiká (τ μετ τ φυσικ). Pero ésta no es más que una simple definición etimológica.

La metafísica propuesta por Platón es, sin embargo, mucho más acorde a la que en este breve ensayo haré servir. Esta metafísica implica ir más allá de nuestra naturaleza material. Implica alcanzar el mundo que hay más allá. El mundo perfecto e inmutable. El mundo ideal al que solamente podemos arribar por medio de nuestra razón, por nuestra conexión con nuestro ser y, por otra parte, comprender el mundo del más acá, el cual percibimos por nuestros sentidos corporales.

Así pues, son muchas las ocasiones en las que no tenemos conciencia de nuestra presencia en el más allá y otras tantas de las que nos quedamos sucumbidos en el más acá sin tener conciencia de esto. Existe una extraña conexión entre el más allá y el más acá que hemos de identificar. Aunque, si analizamos con atención los términos, estos nos remiten a una cierta distancia e imprecisión, motivo por el cual se nos torna bastante difícil dar el paso para dicha conexión, puesto que de un lado al otro hay simplemente un microsegundo que es dado por la voluntad de alcanzar la conexión con nuestro propio ser.

Conociendo entonces la existencia de éste mundo tan perfectísimo, se nos hace difícil entender el por qué se nos arrojó a éste mundo que tantos dolores de cabeza nos provoca. La cuestión es que siempre estamos en la búsqueda de volver a nuestros orígenes. Ante esto quiero hacer un pequeño inciso, puesto que a este volver a nuestros orígenes, algunos lo llaman felicidad, otros confunden felicidad con los momentos efímeros de placer y satisfacción que provocan los objetos mundanos. Por tanto, llamaré felicidad a alcanzar, aunque sea por un breve instante, esa conexión con nuestro propio ser.

Ahora bien, en qué momento? ¿De qué forma? Muchas son las maneras de alcanzar esta comunión con la que eliminamos la materialidad y nos sentimos y encontramos con nosotros mismos. Dualidad que desprende el cuerpo del alma. Quizás en ese mundo interior. Quizás, ese mundo interior es el mundo perfecto e inmutable del cual decimos que nos han expulsado. En ese mundo de las cosas bellas y perfectas al cual pertenecemos pero se nos prohíbe permanecer allí por mucho tiempo…

Existen varias maneras de conectar o, al menos, de intentarlo. Hay quienes lo hacen a través de la meditación. Hay quienes, de forma una tanto insensata, aunque no se ha de desmerecer su esfuerzo, lo hacen a través de la ciencia. Otros lo hacemos por medio de la Filosofía. Pero también existen otros que lo hacen a través de la música, de la composición, por medio de una extraña fusión con sus instrumentos musicales… Es en este grupo, en el de los músicos instrumentistas, que en ocasiones dicen que es puro mecanicismo y que nada transmiten, en el que me quiero centrar en este breve ensayo, con el que pretendo exponer mi teoría de la conexión perfecta de nuestras almas con el mundo perfecto e inmutable platónico. Teoría que no es del todo incoherente y que es menester hacer otras tantas, puesto que ya trae una larga lista de investigaciones y tratados al respecto entre los cuales podemos destacar a Descartes y a Boecio, con reflexiones respecto a esta cuestión.

El mecanicismo en la música.

Líneas anteriores comentaba respecto a lo que algunos músico dicen en referencia a tocar sus instrumentos. Planteamientos tales como que cuando están tocando están pensando en la nota, la partitura, la posición, la perfección del sonido, por tanto, consideran esta labor como puro mecanicismo. Ante esto quiero hacer una breve reflexión; Efectivamente es una especie de mecanicismo en tanto que para transmitir una pieza musical se ha de mantener una cierta permanencia y estabilidad de las estructuras musicales, puesto que sin éstas partituras, sin la precisión de las notas musicales y del sonido, las piezas sonarían de formas muy distinta y no se alcanzaría la réplica de ese mundo inmutable creado por esas notas acomodadas de forma armoniosa y perfecta con la que se reproduce dicha pieza. Hemos de tener en cuenta que tanto las notas musicales como las matemáticas pertenecen al mundo perfecto y armonioso de las ideas inmutables, en tanto que un 3 es exactamente igual de contenido, y no de forma, puesto que en formas, podemos imaginarlos de las mas diversas, pero su valor y contenido es inmutable, en tu mente como la mía sigue siendo un 3, así como un la o una corchea serán iguales tanto en tu mente y en la mía.

Así pues, consideremos que, el músico, parte para su labor, desde su lado más racional, por tanto, dicha labor es una proyección de su yo interior, de su propio ser.

El músico como Demiurgo

El músico tiene esa capacidad de crear ese mundo en que tanto él como sus espectadores se pierden. El músico es un principio activo de creación de un mundo que puede ser perfecto, o no, con armonías provenientes del mundo de las ideas.

Comienza la acción. Conceptos tales que todos podemos comprender. En la sala o a la intemperie. Sentado o de pie. Instrumento musical, realizado por artesanos, en mano. Atril. Partitura. El músico, solo, en éste mundo terrenal con todos estos elementos se mimetiza para que, en breves instantes, todo se convierta en perfección; Posición perfecta, pentagrama, notas musicales colocadas a la perfección en dicho pentagrama. Respiración profunda. Relajación. Concentración.

Frente a él, el o los espectadores. Espectadores en tanto que se mantienen frente a él a la espera de cuanto pueda surgir de la comunión que pueda conseguir del entorno que se ha creado por el músico. A la espera de conseguir la comunión con dicho acto. Si se consigue la misma, todo el entorno se perderá y se dejará de percibir todo lo material. Ambos olvidaran sus cuerpos para remitirse con sus emociones y sensaciones al mundo perfecto de las ideas. Uno perdido en busca de su perfección “mecánica”, el otro perdido en los efectos de los tempos transmitidos por dicha armonía.

Ahora bien, consideremos ese momento en que el músico toca las notas que tiene gráficamente representadas sobre su partitura como el preciso instante en que comienza a sonar la melodía que dicha combinación provoca, en conexión con el oyente.

Para esto, hemos de tener algunas nociones básicas sobre algunas cuestiones de la música, así pues, daré paso a dar una brevísima explicación sobre tales asuntos en la composición de una pieza musical.

Primero, hemos de saber el concepto de Tempo. El Tempo es la velocidad de ejecución de una pieza musical. Es el equivalente al ritmo. …Tempo de la respiración, tempo de la sangre, tempo de la vida, la musicalidad de todo rimo se sostiene en este tempo más originario y se acompasa y se corresponde lo más naturalmente posible a él. Este ritmo de la vida, este tempo de la vida tiene una fuerza y una importancia tan enorme en la música, que solo ésta puede aportar tales placeres.

El tempo en los sonidos debe estar constituido por partes iguales, porque de esta forma es percibido con mayor facilidad o bien en partes que estén en proporciones dobles o triples puesto que son las que más fácilmente se distinguen por el oído. De lo contrario, el oído estaría imposibilitado de reconocer sus diferencias. Solo cuando utilizamos los números primos, generaremos nuevas proposiciones. Puesto que las notas se han de colocar de dos en dos. En efecto no es posible colocar solas las notas en donde la segunda es la cuarta parte de la primera; pero sí donde las dos últimas son la mitad de la primera; pues así la proposición es solamente la doble multiplicada. Con esto surgen las medidas en Música, por la división en tres o dos tempos a las que se le llama batuta, entendida como marca de la percusión y no en el sentido actual. Pocas personas advierten de qué modo ésta batuta se presenta a los oídos tanto en la Música como en las voces. Esto se da solamente por una cierta intensidad del soplo de aire al comienzo de cada batuta de tal manera que sólo es percibida por los instrumentistas y los cantores, especialmente en piezas que nos animan a mover el cuerpo. Por tanto, con esto podemos decir que a cada batuta de Música, corresponde un movimiento del cuerpo. Al hacer esto somos impulsados de forma natural, por la música. El sonido golpea nuestro espíritu. Es así que, si entendemos esto como impulso natural, también podemos entender que a las bestias se les puede domar al son de la música.

Por otra parte, tenemos el sonido en razón de la duración y del tempo y en razón  de intensión relativa al agudo o al grave. Partiendo de ésta relación señalamos las affectiones del sonido y los affectus del alma. La organización que conlleva una música compuesta en partes rítmicas iguales y la importancia de estos ritmos acentuados y marcados radican por tanto, en la influencia que ejercen en nuestro organismo.

La mensura es, al mismo tiempo, resultado de un verdadero ejercicio que, mediante el esfuerzo serio y continuado -aquí vemos el mecanicismo del músico-  es capaz de revitalizar las aptitudes.

El efecto es aquello por el cual la resonancia, el sonido elemental de los que acompañan al principal de una nota musical, queda materializada. Es el efecto, la materialización de la relación intrínseca de la resonancia. La clave es el juego que hay en la relación entre consonancia y resonancia. Es una relación de parte a parte y en su naturaleza, razón de una totalidad a sus componentes. Por tanto, no es un simple tecnicismo, sino que es la capacidad de componer agradablemente la que permite que la physis se deje oír, tal como Aristóteles lo dice en su Física, II, 192b. Aquí también entra la espontaneidad y con esta lo natural del arte musical.

La resonancia es la expresión del tiempo y del ritmo, medible

La consonantia se precisa en la interpretación de sus efectos físicos.

clásicamente, desde las definiciones nominales de los griegos y de Boecio, la consonancia es concebida como la relación exterior que une dos sonidos diferentes, es decir, dos objetos físicos numéricamente distintos. Pero es tratada de igual modo que la división de un cuerpo único en sus partes: la octava es la razón entre una cuerda y su mitad. Relación exterior, o bien razón intrínseca: la teoría duda y generalmente se contradice, ya que no hay, en apariencia, medio de oír una mezcla de sonidos diversos y de engendrarlo conforme a la teoría, dividiendo una cuerda. Precisamente la función de la experiencia es superar una tal alternativa.” 3

Desglosando estas cuestiones, podemos entender también que dependiendo de las pasiones que la Música transmita en nosotros, depende también de las medidas que utilice, puesto que medidas lentas provocaran en nosotros movimientos lentos que nos llevaran a despertar pasiones tales como la tristeza, la angustia, la melancolía, el miedo, etc. Por el contrario, las medidas más rápidas provocarán pasiones mas vivaces, como alegría, excitación, etc.

Volviendo entonces a nuestro tema, Dicha conexión perfecta se traslada por medio de los sentidos, del sentido del oído que conecta el uno y el otro por medio de un túnel invisible. La perfecta armonía de ese gráfico, en el músico provoca toda su alienación para convertirse en parte de ese instrumento, en el oyente, otro tanto que lo convierte en parte de la pieza sonante. Ambos entran en un mismo espacio. Ambos consiguen, por medio de ese instante entrar en el mundo de las ideas perfectas. Pero pueden existir variantes del mundo de las ideas puesto que mientras el músico esta en su labor, como demiurgo, creando ese mundo donde confluyen las almas, por un tiempo limitado, limitado por la duración de la pieza, el espectador entra movido por las pasiones provocadas por la música.

El sonido del silencio

Puesto que la música nos invita a ciertos intentos de reducirla al silencio, podemos decir que nuestras almas son almas silenciosas. O, al menos que, cuando conectamos con nuestro ser más interior, con nuestro propio yo, es cuando encontramos el silencio absoluto. El músico nos abre la puerta con sus notas musicales ha nuestro mundo ideal. Nos da paso a transitar por un previo túnel silencioso a la espera de encontrarnos en plena ataraxia. Cuando la conseguimos, es porque finalmente entramos en nuestro mundo perfectísimo. ¿Cuántas veces, un músico, hace su primera conexión con este túnel previo para entrar a la sala donde se encuentran las ideas claras y distintas de ese mundo inmutable donde conecta con las notas musicales que comparten mundo con las matemáticas.?

Más allá y más acá. Ésta es la cuestión. La línea divisoria es la nada. O por el contrario, la eternidad. De la nada, nada? ¿Ex nihilo, nihili?. De una forma maravillosamente inexplicable por nuestro lenguaje limitado, por la incapacidad de definir a través de conceptos ese momento en que conseguimos conectar, lo hacemos. Entendemos que cuando cruzamos la línea nos convertimos en los seres atemporales y eternos que somos en realidad. Entendemos que no hay más placer que aquel de disfrutar esa perpetua eternidad de la que formamos partes y de la que solamente podemos acceder por cortos períodos… Traspasar esa línea que separa el más allá del más acá, es una cuestión bastante compleja, porque pasamos de ser seres finitos y limitados por nuestro cuerpo y por nuestras pasiones, a ser eternos e infinitos. Pasamos del instante a la eternidad y viceversa en breve tiempo. En este caso guiados por la música creada por el demiurgo, que nos invita previamente a percibir el  un silencio bullicioso e inquietante del entorno que, con los primeros acordes nos mueve las pasiones y afecciones, llevándonos a perder en nuestro mundo ideal, dónde perdemos el hilo musical invadidos por aquello que nos ha recibido allí y volviendo a recuperar las notas cuando caemos en un “despertar” del transe que éste demiurgo nos ha provocado.  Por tanto el esquema se queda en ruido mundano, silencio celestial, para volver al ruido mundano pero con un toque de placer conseguido por haber alcanzado un momento de felicidad por el encuentro con nosotros mismos. Encontrarnos con nuestro ser.

Conclusión

Para concluir, simplemente me resta decir que en tanto que ésta es una hipótesis, y para su comprobación, tal como dijo Descartes, se la dejamos a los físicos, puesto que en estos momentos, para hacer un estudio exhaustivo requeriríamos de tiempo que ahora no disponemos, podemos ampararnos al sistema popperiano de falsabilidad. Por tanto, existe la posibilidad de refutar ésta teoría, pero momentáneamente la podemos mantener como valida.



2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Ainoa dice:

    Hola, ¿alguien sabe algo sobre “LA CAJA CERRADA”? Es que me han hablado de ese tema y estoy muy interesada en saber más, aunque parece que es un secreto y en internet no hay nada. Si alguien sabe como puedo conseguirla que me escriba a ailokilla@yahoo.es

    1. Hola Ainoa,
      Personalmente nunca escuché al respecto, pero si comentas un poco qué es lo que te han contado de la “Caja cerrada” quizás podemos indagar para encontrar alguna cosa.
      Gracias por entrar en Restaurando la lengua!
      Un saludo!

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