Copérnico, Melanchton y Rethicus: Recepción de la teoría copernicana y su compatibilidad con la Santa Escritura

Por: Adriana Labastie

Grabado de la época.

Mathematicè demonstratur, ad perpetuam rationem των φαινομενων corporum coelestium obtinendam, terrea mobilitatem assumendam. Quid autem hac de re secundum Sacram Scripturam est?

 

La Interpretación y aceptación de la teoría copernicana en el Círculo de Wittemberg

“Interpretación de Wittemberg” es un consenso sobre cómo “leer” el De Revolutionibus el cual fue compartido por un grupo de jóvenes astrónomos de la universidad de Wittenberg bajo el tutelaje del protestante Philipp Melanchton. Existían varias características de esta “lectura” sobre la innovación de Copérnico y ciertos grados de variaciones. El punto principal de Wittemberg era que la nueva teoría solo podría ser cierta en las predicciones sobre la posición angular de un planeta, sin embargo, en ocasiones, las predicciones de Copérnico eran consideradas mejores respecto al sistema de Ptolomeo. Más allá de la actitud básica, unos pocos miembros del Circulo de Wittremberg preferían algunos modelos copernicanos, como aquellos que remplazaban el ecuante ptolemaico y los dispositivos epicíclicos. Un importante elemento del programa Wittemberg tenía como objetivo la conversión de estos dispositivos a un marco referencial geoestático. La menos satisfactoria de las propuestas copernicanas fue no sólo la afirmación del movimiento de la Tierra, sino también el hecho de que ésta se movía con más de un movimiento. En algunos resúmenes públicos de la teoría, esta propuesta es rechazada explícitamente por el postulado aristotélico, máxima autoridad de la época, que decía que un cuerpo simple solo puede tener un movimiento. Un claro ejemplo de esto, es la carta al lector que Andreas Osiander va a colocar como prefacio en la primera edición del De Revolutionibus de 1543, que, rebajando la astronomía en términos epistemológicos, exhorta al lector a que se considere dicho tratado como hipotético. Osiander va a tener esta oportunidad puesto que Rheticus le encomendó la edición del De revolutionibus como veremos más adelante.

Pero lo que la interpretación de Wittemberg ignoraba era igual de importante como si fuera a favor o en contra. En las escrituras, tanto públicas como privadas de casi todos los autores de la generación que recibió primero los trabajos de Copérnico, el nuevo análisis sobre la relativa distancia “lineal” de los planetas simplemente pasó desapercibido. Ignorar el relativo orden de las esferas planetarias no significa que los astrónomos hayan mostrado desinterés sobre estos temas, puesto que los numerosos grabados sobre el cosmos geocéntrico con sus cuatro elementos sublunares, son un claro testimonio gráfico del incuestionable consenso del verdadero número y orden de los planetas.

Así pues, la interpretación inicial de la teoría copernicana no fue mas que una simple repetición, de la antigua fórmula metodológica para salvar las apariencias planetarias mediante el cálculo matemático independientemente de su verdad o falsedad, lo que representa más de una posición de resignación epistémica con referencia a lo que uno podría saber acerca de los movimientos celestes, sin llegar a un interpretación fuertemente realista. Ciertas partes de la nueva teoría fueron adoptadas por su coherencia con los fundamentos de astronomía vigente, eso sí, siempre que la interpretación se adaptara al marco de la tierra en reposo, mientras que otros aspectos eran rechazados e ignorados como irrelevantes o como contenido carente de verdad.

El desarrollo de academias informales, sobretodo en Italia, había empezado en el siglo XV. Estructuralmente fueron compuestas por un líder rodeado por un círculo de intelectuales o un intelectual carismático quen formaba grupos de escolares o un grupo de intelectuales que se juntaban para discusiones informales. El círculo de Melanchton se asemeja al segundo tipo de organización, pero con la diferencia de que lo llevaba a cabo dentro de la Universidad. Al no haber símbolos de autonomía y poder, de estructura burocrática organizacional, criterio para formar parte de la organización y control sobre las publicaciones, lo que caracterizaba a una sociedad científica como la Parisina Academie de Sciences, Melanchton y sus discípulos lograron una considerable influencia en las disciplinas de astronomía llenando varias universidades alemanas con sus pupilos y escribiendo libros que fueron usados en esas instituciones. El efecto de este grupo científico informal en la temprana recepción de la teoría copernicana no puede ser subestimada puesto que gracias a sus esfuerzos, la afirmación realista y cosmológica del gran descubrimiento de Copérnico no fue tomada en cuenta.

Solamente hubo una notable excepción en este consenso metodológico: Georgius Joachim Rheticus. Fue solamente Rheticus quien se alejó de la interpretación unánime de las innovaciones de Copérnico por parte del Círculo de Melanchton, una interpretación que generalmente caracteriza su temprana recepción en las universidades alemanas y varias partes de Europa.

Melanchton y la Universidad de Wittemberg

Fue Kepler, heredero de medio siglo de comentarios críticos y discusión de la teoría copernicana y comprometido a la construcción de un nuevo tipo de astronomía física, quien afirmó, sesenta y cinco años después de la publicación del De Revolutionibus, la existencia de dos Copérnicos: El primero, autor de un cosmología heliocéntrica que fue apoyada por algunos argumentos físicos y un nuevo argumento para el orden de los planetas; el segundo, un inventor de modelos planetarios calculados bajo la supuesta idea de que los planetas giran en torno al Sol, el cual es el verdadero centro del universo.

Los orígenes históricos de esta perspectiva metodológica disociada pudo derivar en una temprana división entre filosofía natural y astronomía matemática en la edad media o al rol de Osiander, al publicar su carta anónima en el De Revolutionibus, pero los orígenes de su atrincheramiento institucional y promulgación deben ser buscados en el Círculo de Wittemberg de Melanchton.

Melanchton

Melanchton fue introducido de pequeño en estudios humanísticos de griego mientras desarrollaba un profundo interés en astrología y astronomía bajo la tutela de Johann Stöffler. Fue un líder activo en el movimiento humanístico en la universidad de Tubinga pero salió a la edad de 21 años para formar parte del profesorado de estudios griegos en la recién formada Universidad de Wittemberg.

En Wittenberg, la violenta energía popular de la Reforma comenzaba a notarse. Algunos fervientes seguidores de Luthero demandaban no solo el regreso a la simplicidad de masas como en los comienzos de la Iglesia, sino también la abolición de toda la educación, bajo el argumento de que Cristo y sus apóstoles no fueron educados y los evangelios fueron destinados para el vulgo y no para los sabios. A estos conflictos se les añade la existencia de varias interrupciones sociales traídas por la Guerra de los Campesinos (1524 – 1525), lo que provocó que en los años 1521 – 1536 la afluencia de las universidades alemanas tendiera a la caída considerablemente y, en algunos casos, drásticamente.

En este contexto Melanchton lanzó una vigorosa campaña de reforma educativa la cual tendría profundos efectos en la estructura y contenido de la educación alemana. Él mismo se involucró en establecimiento y reforma de las principales organizaciones de las universidades protestantes tales como la Universidad de Heidelberg, de Jena, de Königsberg, etc. entre las cuales se encontraba la Universidad de Wittemberg. Todo esto explica el espíritu de educación melanchtoniano.

Melanchton escribió innumerables manuales de temas muy variados tales como el Trivium clásico (retórica, gramática, y dialéctica), hasta física, astronomía, historia, ética y, por supuesto, teología. Sus prefacios aparecen en ediciones de la Sphera de Sacrobosco, en los comentarios de Erasmus Reinhold sobre Peuerbach en la Nueva teoría de los planetas (1542) y en otros tantos tratados científicos. Pero la mayor importancia y dedicación se la dio, dentro del curriculum universitario, a las matemáticas y por lo tanto a la astronomía.

En lo que se refiere a la teoría copernicana, Melanchton la considera como una teoría perturbadora más que una amenaza para el sistema vigente, aunque más tarde, endurecerá sus críticas y tratará a la nueva teoría como una “vieja y absurda paradoja”, la cual anteriormente ya había defendido Aristarco de Samos, y que se debía mantener alejado de los jóvenes estudiantes puesto que suponía conflictos con la Santa Escritura así como también arremete contra la doctrina aristotélica del movimiento simple. Sostiene fuertemente la idea de que los estudiantes deben mantener la tradición secular marcada por el sistema de Ptolomeo.

Sin embargo, Melanchton alababa la teoría lunar propuesta por Copérnico. Teoría en la que Copérnico explica que la Luna, aparte de su movimiento anual, se mueve sobre su deferente en torno a la tierra una vez al mes y siguiendo el orden de los signos pero en sentido contrario. Esta teoría arremete contra los que piensan que según el movimiento desigual de los epiciclos la Luna aparenta acender y descender y que, según análisis matemático, si la Luna se haya en una cuadratura y se encuentra al mismo tiempo en la parte inferior del epiciclo, debería parecer cuatro veces más grande que durante la luna nueva y la llena, a menos que se afirme imprudentemente que su tamaño realmente aumenta y disminuye.

A pesar de compartir la teoría lunar y utilizar otros datos del canon Copernicano como referente, ya que hemos de tener en cuenta que en Wittemberg consideraban la matemática de Copérnico de una exquisita riqueza, en la segunda edición de su Initia doctrinae physicae va a atenuara, que no a anular, las alusiones negativas contra Copérnico en las que insinúa que afirmar el movimiento de la tierra es más por deseo de parecer inteligente o por amor a la novedad. Y, aunque reconoce que la teoría del movimiento puede ser considerada verdadera, se reusa a aceptarla como tal por ser contraria a los testimonios de la Santa Escritura, reconociendo a Dios como Creador del Orden de los movimientos celestes. Así pues, a Melanchton, la utilización de la matemática copernicana no le provocará conflictos ni bíblicos ni físicos y, más tarde, en 1616, será adoptada por la Iglesia Católica.

En resumen, los ideales de Melanchton no eran meramente contemplativos. El era un maestro dedicado que siempre estaba cerca de sus alumnos. Como aseguraba el propio Melanchton, él tenía una afección paternal por sus estudiantes y le preocupaba profundamente todo lo que afectara su bienestar.

En la práctica, los preceptos de Melanchton y su personalidad han inspirado varias generaciones de alumnos y profesores para volcar sus energías sobre la astronomía y sobre las ciencias naturales. Muchos de los seguidores de Melanchton eran competentes para enseñar los elementos de la esfera y escribir algunos tratados sobre astronomía, ocupando puestos en medicina, teología, griego o filosofía natural. Pero donde destacaban considerablemente era en matemáticas. En el Wittemberg de 1530 los astrónomos mas importantes e influyentes eran Erasmus Reinhold y George Joachim Rethicus. Y en 1540, su futuro yerno, Caspar Peucer. Pero más representativo va a ser el largo número tanto de estudiantes como de ex profesores que abandonaron Wittemberg para ocupar puestos de astronomía en otras destacadas universidades.

Pero toda esta expansión no supone una completa apertura ni una actitud receptiva hacia la innovación. En todas sus conferencias y escritos, Melanchton revela una base sólida aristotélica y ptolemaica y una clara sistematización de argumentos. Melanchton estaba en la cúspide de su carrera a los 43 años cuando conoció, por medio de la Narratio Prima de Rethicus, la teoría de Copérnico.

Encuentro de Rheticus y Copernico.

En Mayo de 1539 Copernico recibe en Frauenburg la visita de un joven profesor de matemáticas y astronomía de la universidad de Wittemberg, llamado George Joachim Rheticus, quien se quedó junto a él hasta finales de septiembre de 1541. En este período, mantuvieron una relación algo más que cercana con lo que Rheticus se volvió fiel y devoto de Copérnico.

El joven matemático, bajo el título de Narratio Prima, realizó la primera presentación de los trabajos de Copérnico, dirigida en una carta al astrónomo de Nuremberg Johannes Schöner, a quien antes de realizar su viaje a Frauenburg había visitado para tratar las posibilidades de la publicación de los trabajos astronómicos de Corpénico. En la Narratio Prima, Rheticus no solo exponía la teoría de su “preceptor” (que era así como le llamaba a Copérnico y ésta fue la clave para descubrir el tratado encontrado hace tan solo 30 años), sino que también intentaba convencer de la excelencia de Copérnico y el respeto que éste tenía hacia la tradición antigua y que su doctrina no pretendía atacar a la de Ptolomeo, sino que iba en dirección a mejorar las últimas propuestas astronómicas. Durante su estancia, Rheticus fue animado por Giese, obispo de Khulm y amigo de Copérnico, para que propagara el nuevo sistema por medio de trabajo impreso.

Rheticus, antes de partir de Polonia, envió una parte del trabajo de trigonometría de Copérnico y, a comienzos de mayo 1542, lanzó a la imprenta, con el respaldo de Petreius el gran trabajo de Nicolás Copérnico. Sin embargo, en septiembre del mismo año, sus deberes académicos le obligaron a trasladarse a Sajonia y a pasar la supervisión de la imprenta a Andreas Osiander, el teólogo más importante de la ciudad, quien va a publicar en el prefacio del De Revolutionibus, como se ha mencionado anterior, la carta al lector sobre las hipótesis de la obra.

 Cuando Tiedemann Giese recibe algunas copias impresas del De Revolutionibus, envía una carta a Rheticus en la que expresa su deseo de que en las copias que aún no habían salido al mercado agregara un pequeño tratado en el que justificara que el movimiento de la Tierra, planteado por Copérnico, no era contrario a la Santa Escritura. Pero ese tratado va a desaparecer.

Giese y Copérnico compartían las mismas opiniones tanto en astronomía como en los problemas teológicos. Pero sobre todo, dada la cercana relación que mantenían maestro y alumno, es altamente probable que hayan discutido sobre este asunto. Es una lástima que ese tratado se haya perdido en esa época, pero lo que sí se conservó fue una carta que el propio Copérnico envió a Osiander, expresando su miedo a que la gente rechazara su teoría por parecer novedosa, filosóficamente absurda y que pueda parecer contraria a la Santa Escritura. Se ha de tener presente que Copérnico consideraba toda su teoría realista.

Pero, en 1973, aparece un tratado sobre el movimiento de la tierra, de autor anónimo, que no podía ser otro más que el tratado perdido de Rheticus en el que explica la compatibilidad del sistema copernicano y la Santa Escritura. También, con este hallazgo ha quedado al descubierto lo que Copérnico pensaba cuando hablaba mordazmente de la mitología y sobre quienes distorsionaban la Biblia para sus propios fines anti- copernicanos.

La publicación del tratado y su falta de impacto en 1650

Giese mencionó solo en términos generales el asunto del tratado de Rheticus pero ninguna información fue encontrada al respecto.

Algunos manuscritos sobrevivieron y llegaron a las manos del impresor Johannes van Waesberge en Utrecht, quien publicó en 1651 la Idea physica de David Van Goorler y otro trabajo que exponía sus ideas filosóficas bajo el título de Exercitationes philosophicae. Consecuentemente el editor consideró que el manuscrito anónimo, el cual obtuvo al mismo tiempo que los dos antes mencionados, era reciente y que pertenecían quizás a la misma biblioteca. Al el trabajo de Gorleaus fue más importante ya que el tratado anónimo era un simplemente añadido.

Los dos tratados, controvertidos para la época y a sabiendas de que traerían problemas, fueron publicados al mismo tiempo aunque tratan de temas distintos: uno considera los principios generales de la “physica” y el otro defiende la ortodoxia religiosa de la teoría copernicana. Hay que tener en cuenta que en el momento, 1650, la filosofía que imperaba en las universidades de Holanda era la de Aristóteles, aunque estaban abiertos a la recepción de ideas nuevas, lo que muestra la evolución que hubo desde la época de Copernico; época en la que Rheticus hizo todo lo posible para demostrar las nuevas teorías de su “preceptor” que de hecho, eran ya ideas antiguas.

En esta época, el “theologus Primarius” de la Universidad de Utrecht, Gisvertus Voetius, había planteado que la tesis de “que si el cielo permanece quieto y la tierra está girando en un movimiento diario no puede, en absoluto, ser probado por las Escrituras, y que igualmente es aún rechazada por ella.” Aunque más adelante va a decir que “el movimiento diario y anual de la tierra está en contradición directa y evidente a la verdad divina revelada en las Sagradas Escrituras”.

Por otra parte, en 1641 Voetius había refutado la tesis de la Exercitationes Philosophicae considerando que David Gorlaeus habías sido imprudente con tales consideraciones a causa de su juventud. Este había sostenido que el hombre, compuesto de alma y cuerpo, es un ser y una unidad por accidente y no per se lo que no sólo atenta contra la verdad física, sino también contra la verdad metafísica, psicológica y teológica.

Ahora, la pregunta es; cuál fue el motivo por el cual, si estos dos tratados eran novedosos para la época, no provocaron impácto? La respuesta es que consideraban al autor como un joven, que recién había comenzado sus estudios, que pretendía independizarse de la filosofía que regía la escuela.

Problema de la Escritura y solución de Rheticus en el tratado descubierto recientemente

A primera vista puede parecer extraño que se pueda reconciliar la movilidad de la Tierra con la Santa Escritura. Para esto, Rheticus se respaldó en San Agustín quien, para que la cosmología aristotélica y ptolomaica fuera acptada por los pilars de la ortodoxia, tuvo que recurrir al Génesis, ya que dicha cosmología no encajaba con todo el conjunto del contenido bíblico. Así es como Rheticus justifica que no debería ser un obstáculo para la aceptación del Sistema copernicano no estar en la Bíblia, ya que no hay declaraciones científicas en la Sagrada Escritura. De esto también se sigue que los principios generales de la exégesis avanzada en el primer capítulo del tratado de la Sagrada Escritura tiene autoridad solo en lo que se refiere a la salvación así como también se acomoda a las formas cotidianas de expresión cuando se habla de la naturaleza.

El tratado de Rheticus, titulado Tratado sobre la Santa escritura y el movimieto de la Tierra comienza por un lado cuestionando qué es eso que la Sagrada Escritura establece y, por el otro con la afirmación de que para obtener explicaciones matemáticamente coherentes sobre los fenómenos de los cuerpos celestes, se debía asumir la movilidad de la tierra.

A lo largo de todo este tratado, Rheticus hace afirmaciones en 62 páginas de los cuales expondré una breve antología en las siguentes líneas:

– Ningún hombre sensato debe pensar que se ha dado a la ligera o por amor a la sofística la tarea de armonizar el movimiento de la Tierra a la Sagrada Escritura. Un día si, tal vez a través de nuestra imprudencia, cualquier cosa que sea contraria a la Santa Iglesia, a la santa fe católica y la autoridad y de la Palabra de Dios se nos escapa, será anulado y condenado.

– Si la Escritura llama a los cielos Trono de Dios, entonces podemos concebirlos inmóviles y sin ningún malestar, como la parte más noble de la naturaleza creada. Y si el cielo es inmóvil, numerosos movimientos debe ser atribuidos a la Tierra con el fin de dar cuenta de los movimientos aparente de las estrellas.

– No veo cómo la sabiduría y el poder infinito de Dios, podría ser claramente comprendido por la mente humana sin comprender en cualquier otra parte de la naturaleza, que es en la aceptación de la movimiento de la tierra, donde parece que Dios ha querido establecer un vínculo particular de todo lo visible.

Nicolás de Lyra, realizó una excelente trabajo interpretando la Biblia, se acepta como no son contrarias a la Escritura, del Antiguo Testamento será mucho más fácil acomodarse a la movilidad de la tierra que a la de esfera de las estrellas que se cree que tiene un movimiento diario.

El movimiento de declinación también parece encontrar una confirmación en otras partes de los salmos, como dice David, después de una larga enumeración de las obras de Dios: “Tú lo has hecho todos los confines de la tierra, el verano y la primavera, les has formado”. Como confines de la tierra se entiende por añadidura el movimiento de declinación.

la tierra se dirige en un movimiento circular anual por su inteligencia, de modo que los polos de la tierra por el poder divino será capaz de mirar a las mismas partes del cielo, la tierra se inclina por lo circumbalación al Sol como a someterse a todos los cambios de las estaciones, ya que son en realidad percibida.

El fundador de la naturaleza nos dice que las leyes del cielo y la tierra son su ordenación. Por lo tanto, la razón nos persuade de que la tierra tiene sus movimientos al igual que la luna tiene sus movimientos, se puede entender que Dios dio leyes a la tierra de la misma manera como lo ha dado a la de otros cuerpos celestes que es la certeza de que el movimiento, es decir, que en un momento predeterminado definido, le afecta los cambios prescritos de movimiento y nos hace participar de todos los beneficios de la naturaleza.

Teoría de la Acomodación.

Dado el apartado anterior, resulta conveniente hablar sobre la acomodación. La Acomodación es una de las maneras de interpretar los textos bíblicos que parecen ser incompatibles con la imagen del mundo filosófico, con el fin de destacar que la Biblia no tiene la intención de dar ninguna información científica o cosmológica ya que Dios dejó estas cosas a los hombres para que lo descubrieran por su propia cuenta. Solamente para algunos temas que van más allá del alcance de la investigación filosófica uno tiene que recurrir a la divina revelación en la Escritura Sagrada para obtener una respuesta autoritaria. La Escritura fue dada solamente para instrucciones religiosas y éticas y no científicas. Por lo tanto, cuando la Biblia habla sobre cosas naturalmente puras se acomoda bajo los conceptos que utiliza el vulgo.

Las frases de la Biblia sobre el surgimiento y el movimiento del Sol no pueden causar dificultad alguna ya que en este aspecto coinciden con los conceptos aristotélicos. Cuanto más la imagen del cosmos aristotélico formó parte de la manera en que el mundo lo veía, más discrepancia existía entre el relato “Mosaico” y la cosmología griega. Pero cuando la escritura dice que Dios cubre los cielos con nubes, Nicole d’Oresme observa, aunque lo propone a modo de provocación, que ese texto se acomoda al pensamiento humano, ya que en este caso son los cielos que cubren las nubes. De la misma manera se puede decir que los cielos aparentemente realizan una rotación diaria mientras que la tierra permanece inmóvil cuando en realidad es lo contrario. Oresme no dice que en realidad la tierra se quede quieta sino que claramente indica que el principio de acomodación podría dirigir al hecho de aceptar esta teoría sin debilitar la autoridad de la Escritura.

Una gran influencia en la interpretaciones Bíblicas fue ejercida por los comentarios de Nicolas de Lyra en las “Adiciones” de Pablo de Burgos. En las “Adiciones” comenta sobre el primer capítulo de Genesis, Pablo de Burgos afirma que la historia de la creación fue escrita para el vulgo y que las palabras fueron escogidas para no dejar de lado la ignorancia del vulgo. Nuevamente afirma que estas gentes eran “incapaces de entender cosas espirituales”. En su opinión, cuando la creación de los cielos es contada en el Génesis, se refiere a todas las esferas y también al cielo empíreo.

El comentario de de Lyra sobre el libro Bíblico Job 38 muestra un incómodo esfuerzo para reconciliar el relato“mosaico” con la teoría aristotélica de los cuatro elementos. Dice que en la Tierra, el agua y el aire son mencionados pero la esfera del fuego es omitida porque forma parte de la esfera del aire.

La diferencia del modo de interpretación no implica una diferencia en la creencia de que la Escritura Sagrada es una revelación divina autoritaria. Durante todo el siglo XVI los cristianos creían que la intención del espíritu sagrado era enseñarnos apodípticamente la verdad acerca de Dios y el hombre y las mutuas relaciones y solo cuando los asuntos religiosos y éticos son indiferentes según los defensores del principio de acomodación, el Espíritu se adapta a los ingenuos conceptos del vulgo.


4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. nkrikamo dice:

    Me alegra saber que hay gente que escribe estos posts tan interesantes sobre cultura e investigación histórica!! Gracias!!

    1. Gracias y bienvenido a Restaurando la lengua!

  2. Javier Luna dice:

    Gracias por el artículo

    me sirvió bastante para mi tesis

    1. De Nada Javier. Muchas suerte!

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