Ejemplificación del estar-en por medio de un modo fundado. El conocimiento del mundo, en relación con el carácter comportamental del Dasein y la noción de cosa como “pragma” en Ser y Tiempo de Martin Heidegger

Por: Adriana Labastie

La teoría del conocimiento surge de la idea de la relación del sujeto con el entorno, con el objeto, provocando la problemática sobre la adecuación de cómo se une lo que recibimos y lo que ponemos, lo dado y lo formado, el carácter de realidad de lo no percibido y lo que realmente es; si, conociendo nosotros según nuestras percepciones individuales, lo que se nos presenta, se presenta de manera distinta de lo que realmente es.

Martín Heidegger se enfrenta a estas problemáticas desde una perspectiva fenomenológica que va más allá de la fenomenología propuesta por Husserl (de quien Heidegger fuera  asistente) en la que la relación de intencionalidad del sujeto con el objeto se da de forma espontánea, entendiendo que las cosas simplemente están ahí delante, que la conciencia refiere después de percibir a través de los sentidos, quedando mundo y realidad como contenidos trascendentales. Desde este punto de vista, solamente se apreciarían características y propiedades de las cosas descartando el ser en sí de la cosa; la coseidad de la cosa.

Ante esto, Heidegger sugiere replantear la pregunta por el ser que la historia de la filosofía ha ido dejando en el olvido, proponiendo distinguir lo que es la relación de sujeto – objeto de la relación Dasein – Mundo.

El concepto de Dasein surge de responder a la pregunta por el ser. Plantea que el ser es aquello que delimita al ente, por tanto, el ser del ente es, él mismo, un ente y, por ser así, lo que se necesita es mostrar que se distingue esencialmente de la esencia del ente. Para esto se ha de interrogar al ente respecto a su ser. El ser se encuentra en el hecho de que algo es y en su ser-así, en el estar- ahí, en la conciencia, en el existir. Es a esto a lo que Heidegger llamará Dasein (estar- ahí), término clave en Ser y Tiempo. El Dasein se distingue del ente porque el ente es  todo aquello con lo que nos relacionamos y el modo en como somos. Ahora,  si preguntamos por el ser del ente, este ente se ha de volver a sí mismo, retrotraerse, de una forma cristalina, para poder preguntarse pos su propio ser. Cosa que veremos mejor desarrollada mas adelante en relación del ser y la cosa.

Respecto al Mundo, éste se a de entender desde una perspectiva ontológica dado que el estar-en-el-mundo es una estructura del Dasein necesaria a priori pero que no determina su ser, este estar –en  es un estar-dentro-de que posibilita aludir a la relación que mantienen dos entes. El co-estar-ahí, con otro ente, algo que tiene el mismo modo de ser, implica categoriales que la forma del Dasein no posee. Sin embargo, el estar – en  es un modo comportamental del ser, una construcción del Dasein y es un existencial o existenciario. Estar – en es la expresión existencial formal del Dasein que contiene el estar-en-el- mundo, lo que ha de ser interpretado de una manera óntica. Por tanto, el carácter del Dasein es óntico ontológico en tanto que se deviene ente, en tanto que es y en tanto que le es propio todo lo que tiene que ver con el.

Ahora bien, luego de esta breve introducción y con una mejor comprensión de lo que se habla, pasamos a plantear el desarrollo de la diferenciación de la simple relación sujeto-objeto con el estar –en en relación con el mundo que se nos presenta como ente.

Es en esta relación de estar – en que el  Dasein conoce el mundo. El mundo lo es todo, incluso el hombre, que es quien puede formularse la pregunta por el ser, por tanto, el que puede retrotraerse para conocerse en el Dasein. Dado esto, Martin Heidegger resuelve el enigma de conocimiento con la siguiente frase:

El conocimiento es una modalidad del Dasein en cuanto estar-en-el-mundo, esto es, que tiene su fundamento óntico en esta constitución del ser.

De esto se sigue que si hacemos el mismo proceso que anteriormente hemos realizado con del desdoblamiento del “hombre – cosa” para que el ser conozca al ente, entonces, lo mismo hará el conocimiento desdoblándose a sí mismo para ser su propio objeto de conocimiento con lo que se obtendría el ser del conocimiento y el ente del conocimiento. Con este desdoblamiento y, como este proceso solamente puede darse dentro del hombre que es el único (en principio) que tiene la posibilidad de Dasein, se deduce que el conocimiento se da dentro de éste, por tanto el conocimiento constituye esencialmente el Dasein.

Teniendo esta forma esencial del Dasein y siguiendo con el análisis fenomenológico propuesto, conocer es el modo de ser del Dasein en tanto que ser en el mundo. Mundo que es una reunión de cosas significativamente organizadas siempre que haya un Dasein, un “ser”, para significarlas a través de la aprehensión. Esto es lo que tiene que ver con el carácter ontológico. Los entes que vienen a encontrarse con el ser son los entes intramundanos. Contrario al planteamiento de Husserl, esto es una actitud anterior a la actitud objetiva. Está involucrado con el mundo. A través del cuidado de sí, el Dasein también se involucra. Así, la relación que tiene el conocimiento, en tanto que ya – está – en – medio – del – mundo, con el mundo, se da a través de la forma de estar-en, limitándose a un permanecer – junto – a sin realizar ninguna interacción con el ente, reduciendo todo conocimiento a la aprehensión de lo que está ahí en el mundo, de lo que comparece. Ocupándose. La aprehensión determina y lo determinado puede expresarse en enunciados lo que permite la retención y conservación de lo aprehendido. Esta aprehensión, por tanto, no es un proceso realizado por el sujeto. Este análisis heiggederiano escapa a ideas del tipo que lo que percibo se adecue a la realidad, etc. Por el contrario, la forma  que tiene el Dasein de conocer en esta aprehensión no es que traiga algo de fuera hacia dentro, sino que el Dasein está fuera en tanto que esta – junto –a  otro ente, y esto es una forma primaria de ser del Dasein, y está dentro en tanto que está en el mundo cognoscente como se planteó líneas anteriores sobre la forma esencial del Dasein.

Ahora bien, la forma de conocer las cosas por parte del Dasein, se da por su estar- en, junto- a las cosas cuando están ahí. Cuando dirigiéndoles una mirada, comparecen. El carácter de cosa se lo ponemos nosotros dado que la cosa está ahí desde siempre. La cosa, para que sea cosa, necesita de cierta actitud por parte nuestra para que pueda comparecer como tal. Los griegos llamaban a las cosas Pragmata,, como meras cosas. Heidegger lo llama al ente que comparece en la ocupación, “útil”. La relación que se mantiene con la cosa es de pura utilidad. Lo útil tampoco es, sino la relación que tenemos nosotros con la cosa es lo que lo hace útil. A esto se le llama pragmaticidad, a delimitar a los útiles determinándoles el modo de ser.  En la analítica de lo útil las cosas que están, están para nuestro manejo. Las cosas se manejan con intencionalidad (término husserliano). Cuando pasamos a mirar la cosa es cuando tenemos una relación con lo útil. Claros ejemplos, como lo son el de la jarra en “La cosa” o las botas de campesino en “El origen de la obra de arte”, ha sabido utilizar Heidegger para ilustrar estos temas. En esto, sabe dar una cierta jerarquía que, en orden de mayor a menor sería: la obra, el útil y la cosa.

La obra de arte es la más abarcadora, ya que ésta, al incluir tanto el útil, como la cosa, amplía los horizontes quedando de forma indeterminada, enigmática y distanciada puesto que la obra reproduce la esencia general de la cosa. Amplía el mundo ya que en esta, se pueden generar infinidad de miradas. Así, de la misma forma que el Dasein tiene un conocimiento de sí que es indeterminado que nos lo hace cercano pero que al mismo tiempo nos mantiene la distancia, la obra provoca el mismo efecto, proporcionándonos un conocimiento de ella que no se puede determinar. El ser obra de la obra solo se puede ver desde la misma obra, lo que provoca una inmensa distancia.

Seguida a la obra, en menor jerarquía tenemos el útil. Tiene algo más de valor que la cosa pero no el mismo que la obra. El útil es el objeto con el cual nos relacionamos y que le damos la determinación del para qué será útil. Hay una relación directa con el objeto que se da cuando ya no tiene más utilidad y lo observamos como mero objeto. Por ejemplo, mientras miramos la tele, no miramos la tele sino que lo que miramos son las imágenes que ésta nos transmite. Estamos en relación con las imágenes que nos están siendo de alguna utilidad. Ahora bien, si la televisión se avería, recién ahí se nos ante podría, comparecería ante nosotros el televisor como objeto. Miramos este objeto como algo que ya no tiene más utilidad. O al menos esa utilidad, dado que puedo determinarle otras funciones para las que pueda ser útil, recuperando el objeto como útil. Una cosa que nos ha de quedar clara es que en el mundo se da una relación de utilización para la satisfacción. Mantenemos esta relación directa con el útil, en el cual está incluida la cosa que no somos capaces de apreciar. Pero el ser útil del útil tampoco “es”, dado que no tiene presencia y ser implica presencia. El útil es en cuanto lo estamos usando como tal. En el caso del martillo, por ejemplo, el martillo es en tanto que lo he significado como tal para cumplir determinadas funciones. Se da aquí una relación del sujeto con el objeto. Se lo qué es, conozco sus propiedades y características. Conozco su utilidad, aunque esta puede variar, puedo utilizar ese martillo como un pisa papeles, entonces quedará determinado como un pisa papeles con forma de martillo, por ejemplo. Ahora, ¿de qué forma se da la relación con el ser del útil? Si bien nos habíamos quedado que con el útil conozco propiedades, características y utilidades, y lo tengo ahí presente como tal útil, el ser útil del útil no queda a la vista sino que lo que queda a la vista son  ciertas determinaciones. La relación directa se da en el momento mismo de la utilización de del útil. Dasein y ser del útil se fusionan en un cierto automatismo en el acto de realización de a función para la que el útil está destinado, que permite la presencia del ser del útil. Se pierden todas determinaciones del útil y solo queda la fusión del ser útil con el Dasein.

Por último, resta hablar de lo más complejo, la cosa. La mera cosa es la que se determina por sus propiedades y características pero que están desprovistas de carácter de utilidad. La cosa en sí es el núcleo que reúne todas las propiedades y características. La cosa lo es todo. La cosa necesita de cierta actitud por parte nuestra para que pueda tener acceso a nosotros y nosotros a ella, para que el ser de la cosa se pueda fusionar con el Dasein. Podemos poner por ejemplo el sonido de la sirena de una ambulancia que pasa. En el acto de captación de ese sonido habrá un proceso de intencionalidad que se dará ( si bien la sirena ya estaba ahí) desde el primer momento en que me encuentro con su sonido en la lejanía. El sonido, durante el paso de la sirena, irá cambiando de intensidad. Se escuchará muy suave, irá aumentando hasta alcanzar un momento en que mi ser, el Dasein, se habrán fusionado con la intensidad máxima del sonido de la sirena,  sonido que luego ir disminuyendo hasta desaparecer por completo para continuar con su recorrido. En este proceso, el cuerpo también habrá ido cambiando en su forma de recibir esta cosa que ha pasado. Habrá modificado y experimentado alteraciones en sus sentidos para poder permitir dicha fusión con el ser de la cosa, que ha permitido al mismo tiempo la aparición de otras tantas cosas.

Con esto podemos ver que el ser de la cosa no está en lo ante – puesto ni en la objetividad, porque si dejamos como definitorio esto, se perderían infinidad de cosas. Si se objetiviza, el fenómeno cosa se pierde. La cosa en sí en Heidegger se reduce a una nada de lo representado. La coseidad no se puede retrotraer para conocer su propio ser dado que si así lo hiciera, el ser de la cosa se desdoblaría para conocerse y no conseguiría conocer cual es el ser del objeto que surge de ese desdoblamiento.  Con el proceso que vimos de relación Dasein – cosa, queda en evidencia que la cosa es expansiva, en su paso activa sin anunciarse en relación de utilidad sino como algo que es, que está, que pasa y que se va. Eso si, siempre desde una apertura incondicional del Dasein.

Otro ejemplo claro  de esto es el que plantea Heidegger sobre la jarreidad de la jarra que en su vacío puede vaciarse o retener y esto va más allá de lo que la ciencia pueda ver, porque en la relación objetivante de sujeto –objeto se pierden todos los lazos que puede desplegar las cosas. Esto también se muestra en la obra de arte, pero aquí no hay una relación de utilidad sino más bien un obsequiar de la cosa. La obra de arte abre mundo, la cosa obsequia mundo. La cosa se resume de todos los elementos  de apertura y de cierre de la cosa. La cosa es, más que nada, una actividad. La cosa es algo que involucra y da juego. La cosa, en la medida que da juego, es lo presente. La cosa “es”, en la medida que hace mundo.

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