INFINITISMO VS. INQUISICIÓN: EL PROCESO DEL NOLANO

Por: Adriana Labastie

INTRODUCCIÓNImagen

Las siguientes líneas hacen un recorrido sobre los últimos años de Bruno en torno a su proceso inquisitorial. Se divide en dos partes bien diferenciadas pero que mantienen el hilo conductor. La primera hace de antesala para poder comprender cómo fue el calvario al que se enfrentó Giordano Bruno según iban evolucionando las Instituciones Inquisitoriales, explicando cómo se ejecutaban los procesos, cuál era el orden formal que los constituía.

La segunda parte, hace ya el recorrido directo por las tres etapas en las que se dividió el proceso del Nolano pasando por una primera etapa que se da en el proceso de Venecia, en donde Bruno estuvo muy cerca de que su destino fuera completamente distinto al que conocemos; la segunda etapa del proceso, más contundente, trata sobre su extradición a Roma y la importancia que tuvo su concepción infinitista para servir como detonante de la impaciencia del Cardenal Belarmino y del papa Clemente VIII, condenándolo este último finalmente como hereje impenitente; y una tercera etapa del proceso en la que se explican las nuevas proposiciones heréticas extraídas de sus libros y que serán las que Bruno va a defender hasta el final de sus días.

 

PARTE I

PROCEDER DE LA INQUISICIÓN

Consideraciones sobre el juicio de Giordano Bruno

El 20 de enero de 1600 el papa Clemente VIII Aldobrandini, frente al rechazo de Giordano Bruno a abjurar “las proposiciones heréticas contenidas en sus escritos y en sus constitutos”, pronuncia el veredicto de muerte: “Tradatur Curiae seculari”(1). La sentencia, redactada bajo la base de este veredicto, fue promulgada por los cardenales inquisidores el 8 de febrero, llevando al nolano a ser quemado en la hoguera el 17 del mismo mes. La situación gravemente incompleta de las fuentes judiciales, dejó mucha incerteza, no solo en el contenido formal del veredicto (condenado a la hoguera por “hereje impenitente, obstinado y pertinaz) en cuanto a motivaciones teológicas y judiciales que han conducido a la condena, sino que también en el estudio dedicado al proceso del Nolano, encontrándose algunas inexactitudes debido a un insuficiente conocimiento del estilo del Santo Oficio romano, Tribunal que ha realizado la parte principal de las instrucciones del proceso de Bruno y que ha consumado la causa.

Elementos principales de un proceso de la Inquisición romana a finales del Cinquecento y principios del Seicento

El fundamento de la jurisdicción inquisitorial, y de la existencia misma del Tribunal de la fe, es constituida de la sentencia de excomulgar a los herejes que se renueva anualmente en la llamada bula  In coena domini. El jueves santo, día en que celebra la institución de parte de Jesús Cristo de la eucaristía, sacramento de la comunión eclesiástica, el soberano pontífice pronuncia una sentencia universal de excomunión de los herejes, de quien les favorecen y de quienes leen sus libros. A demás de las penas espirituales, el delito de herejía, esto es, la adhesión voluntaria del intelecto a una proposición herética provoca también la pena secular: la infamia, la incapacidad de acceder a los cargos públicos, la confiscación de bienes, la imposibilidad de hacer testamentos y, en caso de herejía impenitente, la pena capital, la hoguera.

Según la doctrina inquisitorial bastaba con adherirse a una sola proposición contraria a la fe católica, manifestando externamente tal adhesión con la palabra, con los escritos o con actos que revelen la íntima convicción herética, para ser inmediatamente afectado por la censura de excomunión en virtud del derecho vigente. La censura de excomunión por herejía excluía de la comunión eclesiástica y también de la absolución de los pecados en el sacramento de la confesión, salvo en caso de muerte inminente. La absolución de la censura de herejía era reservada al obispo diocesano o al papa. El soberano pontífice, en virtud  del primado de jurisdicción que le pertenece, es en toda la iglesia el juez supremo en materia de herejía. Del papa emanaba gran parte de la legislación inquisitorial y de las jurisdicción en materia de herejía, de los cardinales inquisidores miembros de la Congregación del Santo Oficio. Tenía poder tanto sobre los inquisidores locales como también sobre aquella de las administraciones inquisitoriales españolas y  portuguesas, aunque estas últimas gozaban  de una autonomía de funcionamiento casi completa.

La tarea fundamental del Tribunal inquisitorial era determinar de forma judicial los delitos de herejía, recogiendo testimonios para la confirmación del mismo. Si el imputado era autor de obras manuscritas o impresas, estas podían volverse el cuerpo principal del delito y constituir una prueba indudable de herejía por parte del autor.

Dos procesos fundamentales deben darse durante las instrucciones del proceso. En primer lugar, el Tribunal debía determinar si las proposiciones a las cuales se había adherido el imputado eran efectivamente heréticas, pronunciándose sobre su peso teológico, valoradas por teólogos calificados del Tribunal, que debían ser firmadas y colocadas dentro de los documentos del proceso. De tal censura teológica dependía en modo sustancial el resultado de la causa de la legislación inquisitorial, dado que las otras penas que comportaban se aplicaban solo si las afirmaciones del imputado contradecían en modo directo o indirecto la fe cristiana. Si las frecuentes proposiciones del imputado eran objeto de debate entre  los teólogo, o si se oponían solo a la doctrina común pero no a la fe, la pena de los herejes no era aplicada, y el resultado del proceso no podía ser la abjuración, ni siquiera la hoguera, pero sí la imposición de penitencias convenientes y de eventuales penas disciplinarias.

Por otra parte, la confesión del imputado era un elemento capital del proceso inquisitorial, porque la manifestación externa de la herejía debía corresponderse a la adhesión interna, la adhesión voluntaria del intelecto, con el fin de que sea delito formal de herejía. Por tanto, es necesario que el imputado confiese haber tenido la intención herética, es decir, la voluntad explícita de contradecir la fe de la  Iglesia.

La tortura es utilizada por el Tribunal de la fe para sondear, a través del dolor inflingido, independientemente del estado del intelecto, o de la verdadera intención del imputado, la posibilidad de herejía. La tortura por lo tanto viene aplicada sistemáticamente a todos los casos de comportamientos de los imputados que suscitan una fuerte sospecha de herejía. Si el imputado confiesa la propia herejía, la tortura no es aplicada, a menos que se quiera conocer aspectos complementarios del delito o los eventuales cómplices.

El conjunto de las interrogaciones y de los otros actos judiciales, registrados de forma auténtica por el notario del Tribunal, se reunían en el acta del caso. Una vez realizada para instruir la causa, el caso del proceso se resumía en un documento llamado “summarium”. La función del sumario era exponer de forma concisa pero lo suficientemente precisa, todos los elementos judiciales y doctrinales necesarios de la corte para expresar su juicio. El sumario es particularmente importante en Roma dado que la corte del tribunal del Santo Oficio, compuesta por el papa y por sus cardenales inquisidores, no participaban directamente en la institución de la causa pero pronunciaban con frecuencia el veredicto sobre la base de este documento. En los casos que comportaban la pena de herejía, es decir, la abjuración o la pena capital, el veredicto venía pronunciado directamente por el papa mismo en el curso de la sesión del jueves que el soberano pontífice presidía casi toda las semanas del año. En base al veredicto viene directamente la sentencia que será leída y promulgada en el curso de la sesión pública en la cual el juicio de la corte era llevado a conocimiento del imputado y de la sociedad. Excepto las personas investidas de dignidad real o episcopal, la sentencia es firmada solamente por el cardenal inquisitorial y su publicación se produce sin el papa, aunque el veredicto haya sido pronunciado por este en el curso de la sesión precedente de la corte del Tribunal. La sentencia era un documento de suma importancia porque exponía los elementos sustanciales del caso, permitiendo conocer todo el proceso y también, porque hace público, en la sede oficial, el veredicto de reconciliación o de excomunión definitiva del imputado, proporcionando así a la corte  secular la base legal para la aplicación de la pena pecuniaria, corporal o capital prevista por el veredicto.

Dada la naturaleza particular del delito de herejía, el veredicto de la corte no solo dependía  del crimen cometido, sino que también de la disposición del imputado. Si el reo se arrepentía de su delito y aceptaba abjurar las proposiciones incriminatorias, queda absuelto de la abjuración y reintegrado en la sociedad cristiana. Si, por el contrario, el reo persiste en afirmar las propias convicciones heréticas o niega su carácter de hereje, luego de un período de cuarenta días asignados para arrepentirse, es condenado como hereje impenitente y entregado a la corte secular para ser quemado. Tal ha sido el caso de Giordano Bruno.

La destrucción casi completa del fondo criminal del archivo del Santo Oficio romano, intervenido en Paris ente el 1815 y 1817 por orden de Napoleón I, supone un grave problema para la reconstrucción del estilo del Tribunal romano de la Inquisición del Cinquecento, época en que se produce una actividad intensa el la Congregación de la Santa Sede, con la que intenta imponer su estilo a los Tribunales de la periferia  de la península italiana. Hay diferencias entre el estilo de la Inquisición romana y la veneciana, (ambas llevaron el caso de Bruno) en lo que se refiere a las instrucciones pero en lo formal como en los principios teológicos y canónicos que guían las acciones de ambas son casi idénticas y era la central romana la que con frecuencia tomaba las determinaciones de los procesos instruidos en Venecia. Sin embargo, los documentos venecianos que se conservaron son muy significativos y de primer orden, puesto que contienen las cartas de denuncia Mocenigo, delator de Bruno, así como los testimonios del mismo Bruno, que proporcionan precisas informaciones sobre la vida y el sentido de sus preocupaciones intelectuales. El proceso veneciano del Nolano, que debía acabar durante el verano de 1592, para desgracia de Bruno, se prolongó hasta el final de sus días dada la exigencia de la Santa Inquisición romana frente a las autoridades venecianas con la solicitud de extradición adquiriendo así el proceso otro tono y otra salida.

PARTE II:

EVOLUCIÓN DEL PROCESO DEL NOLANO

 

El proceso de Venecia.

Con la ratificación de la carta de denuncia redactada por Giovanni Mecenigo, quien  conociendo la intención de Bruno de marchar hacia Frankfurt lo secuestra y lo denuncia al inquisidor veneciano Giovanni Gabrielle da Saluzzo, comienza el largo proceso de Bruno el 25 de mayo de 1592. La denuncia fue aceptada por la Santa Sede de Venecia en la sesión del martes 26 de mayo, en la que se autoriza por orden del Tribunal la encarcelación del Nolano. Moceigo presenta en dicha carta graves acusaciones afirmando haber entendido que Bruno expresaba en varias oportunidades convicciones contrarias a los fundamentos de la fe católica entre las que se encuentran la encarnación y la redención, la Trinidad, la retribución de los méritos y las culpas, la transustanciación eucarística y la única acusación de orden cosmológico que lleva en dos puntos bien distintos: La eternidad del mundo y la infinita pluralidad de mundos.

Io  Zuane Mocenigo fo del clarissimo messer Marco Antonio denuntio a Vostra Paternità molto reverenda per obligo della mia conscientia, et per ordine del mio confessor, haver sentito a dire a Giordano Bruno nolano, alcune volte che ha ragionato meco en casa mia: […] che il mondo è eterno e che sono infiniti mondi e che Dio ne fa infiniti continuamente, perché dice che vuole quanto che può 1 .

Pero el proceder del caso de Bruno no fue llevado de forma habitual, dado que antes de realizar un arresto, el Tribunal debe ponderar los puntos de vista judiciales y teológicos y recoger pruebas en una investigación sumaria, de lo contrario es inadmisible un arresto a menos que exista la posibilidad de fuga por parte del reo.  Pero el arresto fue llevado a cabo, de forma privada por Mocenigo, quien en la carta dirigida a Saluzzo, lamentaba no haberlo denunciado con anterioridad y justificaba, sin excusarse, el motivo por el cual actuó de dicha manera. Se puede entender que el móvil que llevó a Mocenigo a denunciar al Nolano, fue el encontrase en una delicada situación en la que él mismo podía ser llevado a un proceso inquisitorial por herejía como supuesto partidario y defensor de un hereje, habiendo hospedado a Bruno por dos meses.

Luigi Firpo, quine escribió “Il processo di Giordano Bruno” en 1949, precisa que la fórmula de acusación utilizada por Mocenigo acusándole a Bruno de cree en la multiplicidad y eternidad de los mundos, sintetiza los artículos VII y IX del  Sommario. Ahora bien, que esto aparezca en el texto de la primera carta de denuncia de Mocenigo relacionado como los artículos VII y IX del sommario, no significa que el nolano haya escrito tales palabras. Se ha de tener en cuenta que Bruno jamás ha escrito que crea en la eternidad de los mundos infinitos, pero sí lo ha hecho respecto a la eternidad del mundo y a la existencia de la infinitud de los mundos. Si se confrontan los textos de sus obras publicadas parece que para Bruno es el Universo que es eterno, lo que no significa que la infinitud de los mundos finitos contiene igualmente la eternidad.

En el Sommario, posterior a la fase veneciana del proceso, que parece tener la mayoría de las principales declaraciones de Bruno, se encuentra esta respuesta del mismo durante el 12º Costituto que precisa al contrario que los mundos son perecederos y sometidos a la generación y la corrupción:

[93] È manifesto per tutti li miei scritti et detti referiti da persone intelligenti et degni di Fede, che io intendo il modno e li mondi e l’università di quelli essere generabili e corruttibili2.

El equivoco viene de la contradicción del vocabulario de la revelación que no habla de un solo mundo único y de la tradición aristotélica a partir del De caelo, dónde “el mundo” designa también el cosmos cerrado. Dicho de otra manera, cuando Bruno designa el universo infinito eterno mediante la expresión “el Mundo”, toma un nuevo sentido contra las viejas formas de la tradición, lo que puede inducir a malos entendidos. Bruno designa bajo la expresión “el Mundo” lo que denomina por otro lado “el universo infinito” y a veces  como el mundo finito que es la Tierra.

Es importante subrayar que la adhesión al heliocentrismo copernicano y los movimientos de la tierra no figuran entre las acusaciones presentadas contra Bruno frente a la Inquisición de Venecia, pero este, va a tomar la iniciativa de exponerlo durante el proceso veneciano con el fin de explicar las intenciones de la Cena delle Ceneri:

Io ho composto un libro intitulato La Cena delle Ceneri, il quale è diviso in cinque dialoghi, quali trattano del moto della Terra; […] Et puo essere che in questo libro vi sia qualche errore, ma non mi riccordo ora precisamente; et in questo libro la mia intentione è stata solamente di burlarmi di quei medici et dell’opinion loro intorno a queste materie3.

Pero al Tribunal  de Venecia este tema no le pareció relevante. Sin embargo, algunos años mas tarde Bellarmino se verá afectado por la novedad del copernicanismo que calificará  de “nueva herejía”.

Bruno, se denomina ante todo filósofo y como tal define el sentido general de su posición intelectual frente a las enseñanzas de la Santa escritura, creyéndose estar bajo la protección de las acusaciones por herejía, porque en filosofía la única autoridad es la luz natural. Construye desde esa perspectiva un sistema de defensa que considera eficaz contra las graves sospechas de herejía que presentan hacia su personas, defendiendo los puntos fundamentales de su doctrina y, bajo su propia responsabilidad, comienza a exponer su cosmología infinitista, que para él era la base principal de su filosofía y el centro de gravedad de todo su pensamiento.

[li articuli da me filosóficamente proposti] li quali tutti possono essere conosciuti da quel che è stampato in questi ultimi libri latini da Francoforte, intitolati De minimo, De monade, De inmenso et innumerabilibus, et in parte De compositione imaginum. Et in questi libri, particularmente si può vedere l’intention mia et quel che ho tenuto; la qual, in somma, è ch’io tengo un infinito universo, cioè effetto Della dvina potentia, perché io stimavo cosa indigna della divina bontà et potentia che, possendo produr, oltra questo mondo un altro et altre infiniti, producesse un mondo finito. Sì che io ho dechiarato infiniti mondi particulari simili a questo della terra; la quale con Pittagora intendo uno astro, simile alla quale è la luna, altri pianeti et altre stelle, le qual sono infinite; et che tutti questi corpi sono mondi  et senza numero, li quali constituiscono poi  la università in uno spatio infinito; et questo se chiama universo infinito, nel quale sono mondi innumerabili. Di sorte che è doppia sorte de infinitudine de grandezza dell’universo et de moltitudne de mondi, onde indirectamente s’intende essere repugnata la verità secondo la fede. Di più, in questo universo meto una providenza universal, in virtù della quale ogni cosa vive, vegeta et si move et sta nella sua perfettione; et la intendo in due maniere, l‘una nel mondo con cui presente è l’anima nel corpo, tutta in tutto et tutta in qual si voglia parte, et questo chiamo natura, ombra et vestigio della divinità; l’altra nel mdo ineffabile col quale Iddio per essentia, presentia et potentia è in tutto et sopra tutto, non come parte, non come anima, ma in modo inesplicabile4.

En esta vigorosa declaración deja claro que la producción de los mundos innumerables es una consecuencia necesaria de la bondad y de los poderes divinos, por lo que no es posible admitir en la perspectiva bruniana un acto creador y trascendente. Bruno siente que es a partir de esta grave ofensa a la “verdad según la fe”. Sin embargo, la Inquisición veneciana considera este punto competente de la filosofía natural y competencia de las autoridades teológicas. Totalmente contrario al modo en que lo considerará posteriormente la Inquisición romana.

El 13 de junio de 1592, durante el Quinto Costituto Bruno, mostrándose dispuesto al arrepentimiento, abandona toda obstinación y acepta el rechazo de las proposiciones que habían sido censuradas por el Tribunal, pidiendo perdón de sus jueces:

Tutti lo errori che io coméis fino al presente giorno, pertinenti alla vita catholica et professione regulare, como io sono, et tutte le heresie che io ho tenute, et li  dubbi che ho avuti intorno alla fede catholica et alle cose determinate dalla santa Chiesa, hora io le detesto et abhorrisco, et ne sono pentito d’havere fatto, tenuto, detto, creduto o dubitato de cosa che non fosse catholica; et prego questo sacro Tribunal che, conoscendo le mie infirmità, vogli abbracciarmi nel gremio di santa Chiesa, provedendomi di remedii opportuni alla mia salute, usandomi misericordia 5.

Frente a tal sumisión a la autoridad eclesiástica, acompañado de un arrepentimiento aparentemente sincero, el Tribunal de la Inquisición veneciana no pudo infligirle castigo alguno al culpable, el proceso veneciano había acabado. Lamentablemente, menos de un mes más tarde, una demanda que emanó de la Inquisición romana, fue dispuesta frente al Tribunal de Venecia, en la que se exigía la extradición del nolano.

 

El proceso de Roma y el Infinitismo como su principal móvil.

La extradición se llevó a cabo un mes más tarde, embarcándose el 19 de febrero de Venecia para estar en manos de la Inquisición romana el 27 de febrero de 1593.

En Roma, el caso de Bruno fue bruscamente agravado por una segunda denuncia que surgió en torno del verano de 1593, del hermano capucino Celestino De Verona,  compañero de celda del Nolano en la inquisición veneciana. Pero junto a la denuncia de Celestion también se sumaron las de otros tres testigos igualmente detenidos con el Nolano en los calabozos venecianos: El hermano Giulio de Salo, el carpintero Francesco Vaia de Nápoles y Matteo de Silvestris. Una buena parte de esta denuncia concierne a la cosmología bruniana y en particular la pregunta sobre la infinita pluralidad de los mundos. La mayoría coinciden en que Bruno afirmaba que se encuentran más mundos, que todas las estrellas son mundos y que el creer que solo existe este mundo es una gran ignorancia. Que hay una gran cantidad de mundos que cada estrella era un mundo y que hay muchos mundos tanto abajo como arriba. Que todas las estrellas eran una confusión grande de mundos. Que el mundo era una estrella y que este mundo y los otros mundos parecen una estrella, como las estrellas que son mundos relucen a nosotros como estrellas. Del mundo decía que era eterno y que habían millones de mundos y que cuantas estrellas se veían todas eran mundos.

Estas acusaciones, aunque carecían de valor por provenir de sospechosos de herejía, arruinaban los testimonios de la buena voluntad del Nolano y permitieron confirmar la denuncia de Mocenigo. Fue para el acusado una nueva ocasión de reafirmar, esta vez frente a la inquisición romana, su doctrina de la infinita pluralidad de los mundos habitados y de dar algunas precisiones sobre la pregunta delicada de la eternidad del universo como ya lo vimos en la cita 4 pero agregando a su defensa:

[93]. In duodecimo Cosntituto: E’manifesto per tutti li miei scritti et detto referiti da persone intelligenti et degni di fede che io intendo il mondo e li mondi e l’università di quello essere generabili e corruttibili, e questo mondo, cioè il globo terrestre, haver havuto principio et poter haver fine; similmente le altre stelle, che sono  mondi come questo è mondo o alquanto megliori, o anco alquanto peggiori per possibile, e sono stelle come questa è stella; tutti sono generabili e corrutibili come animali composti di contrarii principii, e così l’intendo in universale, et in particolare creature, e che secondo tutto l’essere dependono da Dio.

[95]. In ciascun mondo dico che nesserariamente vi sono li quattro elementi come nella terra, cioè mari, fiumi, monti, abissi, fuochi, animali, piante; quanto agl’huomeni, idest creature rationali, quali sono sustantie corporee come siamo noi, lo lasso ad arbitrio di chi vuole, se le voule così chiamare, ma che è da credere che vi siano animali rationali. Quanto poi alla conditione del loro corpo, se è corruttibili come il nostro o no, questo non si conclude per scientia, ma è cosa creduta da Rabini e altri santi nel Testamento nuovo che siano animali per gratia di Dio immortali, onde  per quello intendono “terra di vivendi” e luoco de’beati juxta Psalmum: [XXVI, 13] “Credo videre bona in terra viventium”, se che di là descendono angeli in forma di luce e fuoco talvolta in favor di questo mondo, e così intende san Basilio sopra quel verso: “Qui facis Angelos tuo sporotus et ministos tuos flameos”, intende che li angeli sono corporei, e san Tomasso dice  non essere cosa che faccia scrupolo in fede se li angeli sono corporei o non,la quale autorità stante, credo mia sia lecito opinare che in quei mondi siano animali rationali et vivendi et immortali, quali per consequeza si chiamano più tosto angeli che huomeni e si diffiniscono con li platonici tanto filosofi, quanto christiani theologi nutriti ne la disciplina platonica, animali rationali immortali, differentida noi altri per la ultima differenza6.

Con esto Bruno reconoce abiertamente que todos son generables y corruptibles, pero no menciona frente a los jueces que si los compuestos son sujetos a la disolución, sus constituyentes atómicos son eternos.

Las respuestas de Bruno han agravado su caso frente a la mirada de la Inquisición Romana. Después de interminables audiencias, el Tribunal estaba a punto de emitir sentencias cuando se percibió que hasta ese momento se había tenido en cuenta las declaraciones de los testimonios sin haber examinado nunca las obras impresas de Bruno cuya lista exhaustiva fue entregada por el acusado en persona desde 1592 a las autoridades venecianas. Eso valió la intervención personal de Clemente VIII, en 1595, para que el tribunal se encargue finalmente de recoger todas las obras de Bruno y someterla a un examen crítico con el fin de proceder a la censura de las proposiciones heréticas.

Es pues hacia el fin de diciembre de 1596 cuando la lista de las diferentes censuras de los libros impresos fue establecida. Inmediatamente, la Inquisición romana procede a nuevos interrogatorios, pero como Bruno no daba realmente nuevos elementos de respuesta el tribunal ordena : “ Quod interogetur strite”7, lo que significa la tortura. Este procedimiento fue totalmente legal. Bruno rechazó por su parte responder “satisfactoriamente” a los interrogatorios. Pero existen aún algunas de las principales declaraciones que hizo Bruno bajo amenaza, otras que podría ser bajo tortura, en el trascurso de este “riguroso” interrogatorio. Porque la compilación que constituye el sumario contiene a la vez las principales censuras de la Inquisición y las respuestas de Bruno a propósito de las proposiciones sacadas de los libros y que fueron condenadas. Las principales censuras junto con las respuestas de Bruno fueron las siguientes.

Circa rerum generationem*. Vuelve sobre la pregunta sobre la eternidad del mundo. Bruno hace una concesión bastante manifiesta a sus jueces contestando que los dos principios eternos de donde derivan todas las cosas son: por un lado  “anima mundi” y por otro “ materia prima”, ambas son “creadas por Dios, dependen enteramente de Dios y son eternas.

 Natura Dei est finita si non producit da facto infinitum*. Esta segunda censura va directamente sobre la infinitud cósmica y Bruno se defiende con las siguientes palabras:

Dico che […] la potenza di Dio, essendo infinita, produce cose infinite; et effetto infinito in ogni mondo presuppone potentia finita per la legge irrefragabile dello relativi, li quali in ogni mondo sono; [a quelli] eguali a me, che pono effetto infinito, la divina potenza et operatione infinita sta inatta e salda: a queli che mettono effetto infinito occorrono tanto inconveneitni e dificoltà et mendacitià per  accordare questi doi relativi discorsi discordanti, e da quel modo di ponere seguitano dell’heretiche oponioni etc. Postea, ad punctum principale, dico che chi pone l’effetto infinit, estortamente, malamente et balbamente la puo aplicare a causa infinita; e quello che resta impacciato in questa consequenza  non son io, ma qualunque s’affatica nella speculatione di questi relativi claudicanti. In somma, dico che la conditionale è tanto buona quanto è necessaria; dunque chi mette Dio haver prodotti effetti finiti non lo presuppone se non come causa finita et virtù finita8.

Bruno se defiende apelando a su filosofar, “il mio filosofare”9,  agitando diversas argumentaciones a favor y en contra a propósito de una quaestio disputata. La coherencia de su pensamiento reposa sobre la exigencia formal en la adecuación necesaria entre causa y efecto, y en la exigencia onto-teológica de concebir un universo digno de expresar la obra infinita de un Dios infinito. La pretensión de Bruno era demostrar, con la ayuda de las pruebas jurídicas irrefutables, que su proposiciones ni son heréticas ni son contrarias a la fe, de lo contrario se mostraba dispuesto a arrepentirse.

Circa motum térrea, fue la quinta censura, y refiere al la cuestión que aquí nos interesa. Pone de manifiesto el copernicanismo de bruno que despierta alarmas en la iglesia romana, a propósito del movimiento de la tierra.

Prima generalmente dico, ch’il modo e la cosa del moto della terra e della immobilità del firmamento e cielo sono da me prodotte con le sue raggioni et autorità, le quali sono certe e non pregiudicano all’autorità della divina scrittura come ognuno ch’ha buona inteligenza dell’una e dell’altra sarà sforzato anco al fine di ammettere e concedere. (…) la terra sempre sta, non si fa nuova né vecchia. Quanto al sole, dico che niente manco nasce e tramonta; né lo vedemo nascere e tramontare perchè la terra se gira circa il propio centro, (più) che s’intenda nascere e tramontare perché la faccia quello imaginario viaggio il sole co’l rato del firmamento e compagnia  di tutte le stelle10.

La censura de la Inquisición romana cita directamente los pasajes de la Cena y Del Infinito estableciendo el lazo directo entre la pregunta de la infinitud del universo y la del movimiento de la tierra y objeta contra el heliocentrismo bruniano. El nolano hacer resurgir la eternidad de la tierra. En lo que refiere al movimiento diurno del sol de oriente a occidente alegado por la iglesia, Bruno lo califica de imaginario, reconduciendo a sus orígenes terrestres reales. Esta vez para bruno no hay contradicción con la enseñanza del a Escritura puesto que aquella solo tiene en cuenta los movimientos aparentes.

Quod Astra sunt etiam Angeli*, sexta proposición en la lista de censura, cae esencialmente en la Cena, reprochándole a Bruno haber considerado los astros como ángeles. Para ésta, Bruno se pone a su favor la Escritura puesto que cita de manifiesto el libro de los salmos, referencia 19 (18),: “ Los cielos cuentan la gloria de dios y la obra de sus manos, el firmamento lo anuncia, <caeli enarrant gloriam Dei>. La justificación que aporta Bruno es de orden filosófico ya que el término ángel significa etimológicamente en griego “mensajero”.

point terram esse animatam, nedum anima sensitiva, rerum etiam rationali* La séptima censura es mas seria, porque acusa a Bruno de haber atribuido un alma sensitiva y racional también a la tierra. Esta censura está estrechamente relacionada a la tercera y a la novena “circa modum creationis animae himanae” y “negat individua vere esse, quae sunt, sed sunt vanitas” respectivamente de esta misma lista, es decir a la doctrina Bruniana respecto al alma inseparable de la idea del alma del mundo. Bruno continuará agravando su situación con una nueva apelación a la Santa Escritura, citando un pasaje de la génesis 1,24: producta terra animam viventem.

Por otra parte, la doctrina bruniana del alma inherente a los cuerpos celestiales es la consecuencia directa del abandono de la cosmología aristotélica. El centro de la argumentación consiste en hacer valer que si los seres animados que viven en la tierra son dotados de un principio interno de movimiento, a demás de una fuerte razón, la tierra madre deberá, ella también, poseer su propia alma motriz, pero a un grado de dignidad elevado como el nuestro si no mas. Bruno emprende esta argumentación directa al filósofo alemán Henry Cornelius Agrippa von Netteschim  (sin citarlo expresamente) que había escrito en su libro De Occulta philosophia:

Serebbe assurdo se il cielo, le stelle e gli elementei non dovessero essere animati da quella vita di cui sono la fonte per tutti gli individui; e se ogni pianta e ogni albero participasse di una destinazione più nobile delle stelle e degli elementi che ne sono  i naturali generatori11.

Lo que podríamos decir es que aquello que vive no puede ser sacado de algo desprovisto de vida. De la misma manera que atribuimos a los miembros individuales la sensibilidad y la conciencia, de igual modo la totalidad universal debe ser animada. Bruno asemeja el anima mundi con el espíritu santo

Item point pluses soles continentes necessario res similes in gere et in specie, Sicut iste mundis, ac etiam homines.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                             Décima censura. Respecto a esta de la pluralidad de los mundos no se ha conservado la respuestas de Bruno. El compilador que redacta el sumario envía el desarrollo que Bruno hizo posterior a este asunto anotando: Item, point pluses mundos, plises soles, continentes necessario res similes in genere et in specie Sicut iste mundos, Actium homines, ut supra, et sequentibus, longo digressu12.

El examen de las respuestas de Bruno se acabó al principio 1598. La constitución del dossier fue cerrado con dificultad debido a su gran extensión y para entonces el tribunal no se había aún pronunciado. Es entonces cuando entra en escena el teólogo Roberto Bellarmino, durante el mes de enero de 1599 precipitando el final de Bruno.

La perversa lista de Bellarmino

Robert Bellarmino, que no había participado en absoluto en la instrucción del proceso de Bruno, decide bruscamente que el tribunal constituyera una lista de proposiciones heréticas formuladas de una manera tan breve y unívoca que el Nolano se viera obligado a elegir irrevocablemente entre la abjuración y la pena de muerte. Pocos días después, el tribunal presenta ocho nuevas proposiciones herética contra Giordano Bruno. Esta lista fue remitida al nolano con la obligación expresa de dar una respuesta definitiva al tribunal en muy breve tiempo.

A finales de enero, Bruno se ve acorralado y se declara listo para abjurar y rectificar, como ya lo había hecho frente la inquisición veneciana en 1592. A mediados de marzo de 1599, Bellarmini es nombrado Cardenal de la Inquisición. Semanas mas tarde, en  el mes de abril, Bruno remitió una larga declaración escrita de su puño y letra en donde se retractaba sobre los ocho puntos considerados heréticos. Sin embargo la congregación no estaba satisfecha de los términos de algunas retractaciones de Bruno, solicitándole explicación sobre dos puntos en particular, por una parte la existencia preadamita, esto es, que solo los hebreos descienden de Adam y que el resto de los seres humanos estarían librados del pecado original, sin excluir a todos los habitantes de los innumerables mundos; Y en segundo lugar, sobre la cuestión referente a las relaciones del alma y del cuerpo, que no estaba directamente vinculadas a la cosmología.

Durante la fase final del proceso, Bruno oscila entre la sumisión a la autoridad y la rebelión orgullosa obstinada contra el tribunal. Oscilación que exaspera a la inquisición y que comporta poca credibilidad respecto a sinceridad de su arrepentimiento. En cada escrito que redactaba, Bruno insistía en su deseo de justificar y convencer, lo que precipitaba sus camino a la hoguera. En el mes de septiembre 1599 la congregación se reúne y los miembros del tribunal solicitan un endurecimiento de las torturas de Bruno con el fin de hacerlo ceder y de determinar su inocencia en el caso que resistiera a los suplicios, según el procedimiento habitual. Parece que este procedimiento no ha tenido lugar por falta de no haber obtenido la unanimidad sobre los motivos mismos de la tortura. Mientras tanto, Bruno había dirigido una pequeña memoria directamente al papa Clemente VIII, aunque sin éxito, ya que el papa no entendió completamente la lectura entera del manuscrito que intentaba convencerlo de que los teólogos habían extraído proposiciones a partir de sus escritos y de sus declaraciones desviando el verdadero sentido. Durante los meses siguientes, las visitas al prisionero se sucedieron a un ritmo acelerado para convencerlo de arrepentirse. Pero Bruno no veía lo que podía  haber de herético en sus palabras o escritos, por tanto, no había nada a abjurar.

Fue el mismo papa Clemente VIII, ante la evidente obstinación de Bruno, quien el 20 de enero de 1600, pronuncia el veredicto de muerte: dictus frate Iordanus tradatur Curiae seculari. Condenando a Bruno como hereje impenitente, pertinaz y obstinado, en conformidad  a una criteriología teleológica que no admitía contradicciones entre la filosofía y la fe.

El 8 de febrero los cardenales inquisidores firman la sentencia de condena, redactada bajo el veredicto de Clemente VIII, haciéndola pública en presencia de Bruno y de testigos, es entonces degradado por las ordenes religiosas, expulsado del seno de la Santa Iglesia y entregado a la corte secular. Se le dejan varios días  de reflexión por si existiera una última ocasión de arrepentimiento…

Bruno defendió sus principios hasta el límite y ni la hoguera pudo arrebatar su pensamiento que luego fue difundido, comentado y al mismo tiempo laureado con la victoria silenciosa del infinitismo en la edad clásica.

Referencias

  1. Carta de Mocenigo al Inquisidor de Venecia del 23 de mayo de 1592, en V. Spampanato, Vita di Giordano Bruno, Messine 1921, y Documenti Della vita di Giordano Bruno, Florencia 1933, ambos editados conjuntamente con un epílogo de Nunccio Ordine, Roma 1988, Documenti veneti, 1,
  2. Luigi Firpo, Il processo di Giordano Bruno, a cura di Diego Quaglioni, p. 269 (se sigue Il processo).
  3. Quinto Costituto del 3 de junio de 1592, en Luigi Firpo, Il Processo, p. 188.
  4. Bruno, Terzo Costituto del 2 de junio de 1592, Documento veneti XI, Spampanato, op. Cit., reed. Nunccio Ordine, p 709; cf. También Luigi Firpo, Il processo, pp.167 – 168.
  5. Bruno, Quinto Costituto del 3 de junio de 1592, Documenti veneti XIII, in Spampanato, op. cit., reed. Nunccio Ordine, cit., pp, 735-736; cf. también Luigi Firpo, Il processo, p.190.
  6. Il sommario del Processo di Giordano Bruno, cit., pp. 80 -83; cf. también Luigi Firpo, Il processo. pp. 268 – 270.
  7. Ibi, p. 244.

*. El título exacto a sus respuestas es el siguiente: “Summarium quarundam responsionum Fratis Iordani ad censuras factas super propositionibus quibusdam ex Rius libris elictis”, cf. Il Sommario del Processo di Giordano Bruno, cit., pp. 113 – 119; cf. también Luigi Firpo. Il processo, cit., pp. 299 – 304.

8. Il Sommario del Processo di Giordano Bruno, cit. Pp. 113 -114; cf. también Luigi Firpo, Il processo, cit., pp. 299 – 300.

9. Il Sommario del Processo di Giordano Bruno, cit.,  p. 113; cf. también Luigi Firpo, Il processo, cit., p 300.

10. Il Sommario del Processo di Giordano Bruno, cit., p. 117; también Luigi Firpo, Il processo, cit., pp. 302 – 303.

11. Henri Cornelius Agrippa von Nettesheim, De occulta philosophia, 1533, reedit. de Lyon, I, pp. 294 ss. Donde se lee el siguiente extracto: “vi è dunque un’anima del mondo, una vita unica, che riempie e pervade tutto, che tiene tutto unito e collegato in sé, in modo da comporte in unità la machina del mondo intero < ut unam reddat totius mundi machinam>” Esto remarca que Agripa podría ilustrar perfectamente la perfección bruniana del alma del mundo.

12. Il Sommario del Processo di Giordano Bruno, cit., art.261;  cf. también Luigi Firpo, Il processo, cit., p. 304

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