INFERENCIALISMO SEMÁNTICO, el juego de dar y pedir razones en Robert Brandom

Por  Adriana Labastie

INTRODUCCIÓN

Para comprender el inferencialismo brandomiano, se debe entender la relación entre la lógica y la semántica, dado que la propuesta de Brandom es una  alternativa diferente a las ya aceptadas en esas áreas. La idea general que Brandom sostiene en semántica es que el significado de las expresiones es consecuencia de su función inferencial, esto quiere decir que no es previo en el orden causal a su aplicación en el discurso. Considera la relación entre los conceptos normativos y la acción como un caso especial de la relación que mantiene lo conceptual y lo práctico, posicionándose así en un cierto funcionalismo que se traduce en que el significado de las expresiones es una función de su uso inferencial en el lenguaje. Lo que supone cierta coherencia con la perspectiva pragmática que considera que el significado es una propiedad que las expresiones reciben cuando se utilizan en la comunicación. Brandom, con su teoría, pretende explicitar el modo en que el uso forma el contenido cognitivo de las expresiones. El inferencialismo de Brandom defiende la noción de compromiso discursivo,  de responsabilidad discursiva, en relación a esta vinculación, que permite entender la dimensión normativa de la comunicación lingüística. Estos conceptos de responsabilidad o compromiso pueden también ser extensible a los actos de habla realizados a través del lenguaje.

INFERENCIALISMO EN ROBERT BRANDOM

La idea semántica de Brandom es que el contenido cognitivo de una proposición es una función de su papel inferencial en el discurso que cumple la función de premisa o conclusión en un proceso inferencial. Brandom se limita al contenido de la proposición, recurriendo a la intuición kantiana de que la unidad mínima de la que el hablante es racionalmente responsable es la proposición, entendiéndose proposición como el equivalente a la noción de contenido cognitivo. Por tanto, la tesis central de la semántica brandomiana es que el contenido proposicional es asignado a las aserciones u otro tipo de actos de habla mediante un proceso inferencial comprendido en términos de la inferencia material.

Ahora bien, este inferencialismo propuesto por Brandom tiene limitaciones, en cuanto teoría del significado, tales como la consideración del acto de habla de la afirmación como portador de compromisos y habilidades discursivas, compartiendo con los representacionistas, aunque Brandom no pertenece a esta corriente, el supuesto de que las prácticas discursivas se centran en la representación o manifestación de hechos mediante aserciones y su contenido, la proposición. Por otro lado, en lo que refiere a la limitación al acto de habla de la aserción, Brandom da en la teoría de la comunicación una concepción restringida del concepto de inferencia. Su teoría del significado guarda un lugar importante a la explicación del vocabulario lógico que articula el contenido proposicional y que puede considerarse como la forma en que se da la autoconciencia semántica. Rescata Brandom la inferencia “materialmente correcta” como noción principal. Pero, al adoptar una concepción tan estricta de la inferencia, es posible que no pueda darse cuenta de elementos semánticos o que se encuentra en una franja entre la semántica y la pragmática. Una teoría del significado que pretenda explicitar esa noción de significado con la de conjuntos de uso o prácticas discursivas tiene que moverse con nociones de mayor amplitud de inferencia, abarcando los procesos cognitivos reales que los hablantes de una lengua colocan dentro de lo inferencial.

Por tanto, el inferencialismo es una tesis semántica acerca de la forma en que se individualiza el contenido de las oraciones y sus proferencias. Es una alternativa a posiciones distintas como la semántica de las condiciones de verdad que considera que el contenido de una oración viene determinado por las condiciones que la hacen verdadera, así como posiciones que defienden que el significado de una oración es determinado por el procedimiento que tendríamos que implementar para verificarla, esto es el verificacionalismo, o posiciones como el afirmabilismo que identifica el contenido de una oración con las condiciones en las que se puede afirmar.

Hablar de inferencialismo implica hablar de contenidos conceptuales como portadores de las relaciones lógicas. La característica principal del lenguaje de la lógica, como cálculo de proposiciones, el que propone Frege en Begriffsschrift, consiste en que son propiedades semánticas, lo que no las convierte sin embargo en propiedades sintácticas. Que algo sea una consecuencia lógica de otra cosa es una relación semántica que se establece en contenidos y no una relación sintáctica entre esquemas sin interpretar. El inferencialismo propuesto por Brandom sin embargo, así como también por Sellar y por Price, es una posición pragmática. La tesis de fondo  es que la semántica debe responder ante la pragmática, con esto se quiere decir que la individuación del contenido de los anexos capaces de llevar propiedades y relaciones semánticas tiene que derivarse de lo que los hablantes hacen con ellos. El inferencialismo admite diversas versiones que pueden variar en lo que se refiere al alcance de las relaciones inferenciales en el momento de individuar contenidos, estas pueden admitir que las relaciones inferenciales son lo único relevante para la individuación o, simplemente, que son un aspecto más que se ha de contemplar. Pero en rasgos generales, la tesis que todos estos comparten es la que el contenido de una oración está determinado, al menos en parte, por los contenidos que se siguen de su aserción y por los contenidos de los que la oración se sigue. Lo que le interesa a la lógica es el contenido, y un mismo contenido puede ser expresado por oraciones distintas. Sabemos que “En Platea los griegos derrotaron a los persas” y “En Platea los peras fueron derrotados por los griegos” expresan el mismo contenido porque no hay nada que cambie en una inferencia si una oración se sustituye por la otra, esto quiere decir que no hay nada que se siga de una oración y no de la otra, y toda oración que implique a una de las dos se implica a si misma a la otra. No existe aquí ninguna mención del mundo a la situación del mundo que tratamos de describir mediante el uso de las oraciones. Son las relaciones inferenciales “horizontales” las que hacen que cada contenido sea el contenido que es y que se pueda determinar la distinción entre dos contenidos.

Otro punto que distingue el inferencialismo del representacionalismo es el cambio de los términos aislados a las oraciones completas. La semántica representacionalista considera la unidad mínima del significado y contenido a los términos singulares o predicativos. Las palabras, aisladamente, tienen un significado y este determina la forma en que contribuye en las expresiones de las que forman parte. Por el contrario, el inferencialismo considera a la oración completa como la unidad mínima del significado y contenido, y el significado de los términos se da en la medida en que forman parte de una oración.

Ahora bien, en las versiones pragmatistas más fuertes de Brandom hay una reconsideración explícita del papel de la afirmación en el conjunto de los actos de habla. Sin embargo, desde las palabras a las oraciones se produce porque se considera que las oraciones son la unidad lingüística mínima, cuya proferencia aislada puede dar un acto de habla completo. En la pragmática de Brandom las acciones son el fundamento de la semántica. Cuando reflexionamos sobre lo que es un lenguaje, nos encontramos ante todo con actuaciones en las que los sujetos hacen cosas con las palabras. Las actividades lingüísticas son un tipo de actividad racional y por lo tanto están gobernadas por reglas, reglas que siempre están para hacer algo.

EL JUEGO DE DAR Y PEDIR RAZONES

Tener una conducta racional implica participar en un juego específico con otros jugadores y someterse a las reglas. Este es el juego de dar y pedir razones. Esta idea de juego no es nueva, pero es muy útil y descriptiva. Hacer una aserción implica un sometimiento al juego; quien afirma está dispuesto a dar razones que respalden dicha aserción siempre que se le solicite. Y estas razones que se solicitan al hablante que ha realizado una aserción tienen que ver en primer lugar con la habilitación que el hablante tiene para realizar la aserción. Un hablante puede ser interpelado por otro que le solicite que haga explícito cuáles son las razones para justificar tal aserción. Además, un movimiento en el juego, en este caso una aserción, obliga al agente a realizar otros movimientos dentro del juego tales como lo es el compromiso que el hablante adquiere cuando realiza tal aserción. Estos compromisos son generalmente compromisos inferenciales. Si ponemos por caso que alguien afirma que “Ricardo es un hombre” quien profiere esta oración se compromete con la aceptación de que “Ricardo es hombre”, así como también con afirmaciones del tipo “Ricardo es racional”, “Ricardo no es un marciano”, etc, esto muestra que queda el hablante habilitado para jugar también con las fichas de las negaciones que se compromete.  Brandom reconoce su inspiración en el tratamiento inferencialista del significado de las constantes lógicas, en los cálculos de lógica contemporáneos que son cálculos de deducción natural. Las constantes lógicas quedan totalmente determinadas por sus reglas de introducción y eliminación. Por ejemplo, la conjunción de cálculo de predicados no refiere a ninguna entidad extralingüística, no representa a ningún objeto y tampoco lo hacen el resto de las conectivas lógicas. Por tanto, la conjunción, en este caso, indica un permisa para afirmar p Ù q si se ha afirmado p y se ha afirmado q, y tenemos un compromiso para aceptar p y para aceptar q  si se ha afirmado p Ù q; esto es entonces un significado. Dummett, en quien también se va a inspirar Brandom, extiende el inferencialismo al resto de conceptos. La función que realizan las reglas de introducción y eliminación para las conectivas tiene su contrapartida para los conceptos y proposiciones en las circunstancias que permiten su uso y las consecuencias de usarlos respectivamente. Para afirmar que Ricardo es un hombre se necesita que se den las circunstancias apropiadas: uno tiene que conocer a Ricardo o a alguien que lo conozca y tiene que poder justificar la afirmación realizada de algún modo básico. Del mismo modo que si quiero afirmar que una falda es verde se tienen que dar las circunstancias apropiadas: creer que hay una falda verde, ver la falda verde y no debe haber ninguna circunstancia que me haga dudar de mis sentidos. Pero nos podemos equivocar, las circunstancias de aplicación de un concepto o una proposición no garantizan la inhabilitabilidad. Uno puede realizar una afirmación considerándose habilitado para dicha acción  y luego darse cuenta  de que estaba equivocado. Las circunstancias de aplicación de un concepto no agotan su contenido, error que cometen las teorías verificacionistas y afirmabilistas,

A demás de las circunstancias de aplicación, el contenido de un concepto o de una proposición está determinado por las consecuencias de su uso. Afirmar que Ricardo es un hombre compromete a quien lo hace con la aceptación de que Ricardo es un ser racional, con la aceptación de que Ricardo no es un extraterrestre, etc. Si alguien afirma lo primero pero rechaza sus consecuencias podemos pensar que no está jugando correctamente. Estos casos podrían darse si se estuvieran usando las oraciones con un sentido diferente al usual o porque no se tiene una conducta racional. Aceptar las consecuencias de la aplicación de nuestros conceptos es un aspecto sustancial de la proposición inferencialista, ya que este aspecto está implícito en la explicación de qué significa que algo sea un concepto y de cómo podemos atribuir conceptos a otros. Un concepto es un pieza de un juego inferencial algo que puede formar parte de premisas  y conclusiones de inferencias. Para que algo sea un concepto tiene que estar inserto en una red inferencial de conceptos de los que se sigue y conceptos que se siguen de él. Por este motivo, para Brandom poseer un concepto implica poseer muchos. No puede poseerse un único concepto. Un contraejemplo natural a la articulación inferencial de los conceptos lo podríamos tomar de las expresiones cuyo contenido es claramente empírico. Decir que algo es verde puede argumentarse simplemente con visualizarlo, sin necesidad de un una red de conceptos. El contenido del concepto ser verde se agota en sus circunstancias de aplicación, que tiene que ver con las propiedades sensibles de los objetos verdes que nos hacen reaccionar frente a ellos. Brandom rechaza esta explicación causal del contenido de estos conceptos, puesto que si poseer el concepto verde solo significa que uno reacciona correctamente ante objetos llamándolos “verdes”, entonces deberíamos suponer que un loro que a aprendido a decir “verde” en presencia de cosas verdes posee el concepto Verde. Es más, si poseer un concepto es reaccionar de una determinada manera ante cosas a las que el concepto se aplica, un termostato poseería el concepto “temperatura”, ya que el termostato reacciona sistemáticamente al calor y al frío. Los criterios de posesión de conceptos plantea un serio problema para las proposiciones positivas clásicas, pero el inferencialismo tiene una explicación satisfactoria. Brandom, así como Sellar, considera que incluso aquellos conceptos que tienen un claro componente empírico en su significado son conceptos porque están insertos en redes inferenciales. Un niño posee el concepto de “Verde” no solo porque reacciona frente a la presencia de cosas verdes (consecuencia de aplicación), profiriendo la palabra verde, sino porque también se compromete y sabe que si dice que esto es verde no puede decir que es rojo al mismo tiempo (consecuencia de su uso). Aunque las consecuencias de uso de los conceptos son esencialmente para la determinación del contenido, tampoco se agotan. Suponer esto es cometer un error pragmatista que identifica todo lo que es semánticamente relevante en un acto de habla con las reacciones que este provoca. Para Brandom tanto las circunstancias como las consecuencias son las que hacen falta para obedecer el contenido de una oración. De hecho, Brandom afirma que “…el contenido con el que uno se compromete mediante el uso del concepto o de la expresión se puede representar medianamente la inferencia que uno respalda implícitamente con ese uso, esto es, la inferencia que va desde las circunstancias de un empleo correcto a las consecuencias correctas de ese empleo”. En esta cita se usa el término “correcto” para caracterizar a las circunstancias y las consecuencias de uso de un concepto. El inferencialismo de Brandom distingue dos tipos de corrección de un acto aserivo. Por un lado tenemos los requisitos subjetivos que hacen que uno esté  en condiciones de afirmar algo; para decir Ricardo es un hombre uno tiene primero que creerlo y luego estar en condiciones razonables de afirmarlo. Las condiciones subjetivas de afirmación son las  que hacen que tengamos un acto de aseveración genuino, en contraste con un acto fallido. Pero el inferencialismo, a diferencia de lo que ocurre con ciertas posiciones afirmabilistas, no confunde las condiciones subjetivas de corrección del acto con las condiciones objetivas que permitirían afirmar algo cuando es necesario. En la evaluación de los contenidos entran en jugo cuestiones objetivas. La objetividad puede aplicarse recurriendo de nuevo a las habilitaciones y los compromiso. Las habilitaciones y los compromisos no son estatutos normativos independientes entre sí, sino que están relacionados; las habilitaciones no son estatutos normativos independientes entre sí, sino que están relacionados: las habilitaciones y compromisos producen un tipo derivado de relación inferencial entre contenidos, la reacción de incompatibilidad. El contenido de “esto es verde” es incompatible con el contenido “esto es violeta”, y esa incompatibilidad es constitutiva de ambos contenidos. Dos contenidos son incompatibles­ cuando el compromiso con uno implica que no se está habilitado para apoyar el otro. La estructura de estatutos normativos que indican las habilitaciones, los compromisos y las incompatibilidades permite explicar cómo el inferencialismo puede discernir entre la relación de afirmabilidad, que tiene que ver con la situación del hablante y debe ser correcta en el primer sentido, y la objetividad de los contenidos siguientes, por ejemplo: El libro que tengo ante mi es amarillo  Estoy en condiciones de afirmar que el libro que tengo ante mi es amarillo. Las condiciones de afirmabilidad, las circunstancias de aserción, de la primera y segunda aserción son las mismas puesto que la segunda aserción sólo hace explícito lo que está implícito en el acto de afirmar la primera proposición. Si el contenido se determinara únicamente mediante las condiciones de afirmabilidad, entonces tendríamos que concluir que ambas afirmaciones tienen el mismo contenido. Sin embargo, intuitivamente vemos que esto no puede ser el caso ya que ni de la primera afirmación se sigue la segunda ni de la segunda la primera, como debería suceder si los contenidos fueran idénticos. El libro que tengo ante mi es amarillo sin que yo esté en condiciones de afirmar correctamente que lo es, y yo puedo afirmar que estoy en condiciones de afirmar que el libro que tengo ante mi es amarillo sin que el libro sea amarillo o incluso que exista tal libro frente a mi. Los contenidos de ambas afirmaciones no se implican mutuamente porque son diferentes y podemos explicar que lo son recurriendo a sus consecuencias respectivas y al conjunto de los contenidos que son incompatibles con cada uno. Aunque lo que sí se da es que la primera se sigue de si misma y del mismo modo la segunda se sigue de sí misma. A demás, los contenidos de El libro que tengo ante mi es negroNo hay ningún libro delante de mí, son incompatibles con las dos afirmaciones propuestas anteriormente. Las nociones de inferencia, habilitación, consecuencia e incompatibilidad permiten explicar cómo se determina el contenido del los actos lingüísticos sin necesidad de recurrir ni a la noción de representación ni a la noción de verdad. Tanto una como la otra se pueden explicar dentro del inferencialismo. La noción de inferencia es más básica que la noción de verdad, siendo la verdad lo que se preserva en una inferencia correcta. El inferencialismo es una propuesta acerca de cómo se individúan los contenidos de nuestros actos de habla, y aseverar en el acto de habla básico. Por tanto, la verdad se aplica sin más discusión. Se mantiene así un ámbito de objetividad en la evaluación de los contenidos que se distancia de críticas tradicionales a las posiciones subjetivistas de la afirmabilidad.

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