Relación entre los conceptos de historia y memoria en Walter Benjamin

por Adriana Labastie 

Introducción

El paradigma de una historia estructural, concebida como proceso de acumulación de datos de una época, es ahora cuestionado por la aparición del testigo que tiene la capacidad de explicar su experiencia histórica, suponiendo una relación problemática entre historia y memoria. De una memoria que, con el añadido de la subjetividad, se humaniza y de una historia que se muestra de forma amplia en el ideal colectivo presente, que pasa por una selecion y reintrpretación que permite adaptarla a las premisas culturales y políticas del momento. El historiador ha de modificar su manera de escribir la historia tomando en cuenta los relatos de los portadores de recuerdos, como lo son por ejemplo los supervivientes de las distintas tragedias que acontecen en el mundo actual.

Ahora bien, si consideramos las definiciones de Reyes Mate sobre el olvido, por un lado el olvido como desconocimiento o ignoracncia respecto al pasado y por otro, el olvido como falta de importancia respecto al pasado, esto supone una problemática en la dimensión moral de Walter Benjamin dado que si se acepta que la historia reclama conocer el pasado y que la preocupación de la memoria es la actualidad de ese pasado, estos dos conceptos aparentemente no van de la mano, por lo que es posible aceptar, de momento, que la historia es el método del recuerdo, método que Benjamin questiona dirigiendo sus presupuestos desde una exigencia principalemente política así como también epistemológica, donde lo que impera es la instancia del sufrimiento, por lo que el alcance de las tesis de Sobre el concepto de historia se convierte en epistemológico-político, donde la participación del testigo se torna fundamental e inevitable.

Fuentes de la Filosofía benjaminiana

La filosofía de la historia de Walter Benjamin se constituye partiendo de tres fuentes distintas, con las que elabora una nueva manera de concebir la historia y estructurar el trabajo del historiador. Estas bases son el romanticismo alemán, del que toma como estructura la sensibilidad que se manifiesta en todos los ámbitos de la vida cultural. Del mesianismo y el marxismo recuperará las imágenes utópicas, mesiánicas y revolucionarias, contra lo que llama “la informe tendencia progresista”. El mesianismo es importante para pensar el tiempo y la historia y el deber de rememoración que en ellos queda inscripto. Pero, como dice Löwy, las instituciones “antiprogresistas” de Benjamin se articulan en su discurso con una visión fuertemente crítica al marxismo evolucionista vulgar para concebir la revolución como la interrupción histórica que conduce a una catástrofe posibilitadota de la emancipación de las clases oprimidas, puesto que en la concepción benjaminiana, la historia se representa como permanente catástrofe, como fuerte crítica al progreso y al dominio de la naturaleza. Desde la primera tesis de Sobre el concepto de historia, el materialismo histórico y la teología se mantienen como fuentes de conocimiento. Lo que a Benjamin le interesa del marxismo es la idea de verdad como justicia. Por último, de la teología toma la idea de religión como el “lugar” en donde se encuentran las huellas de las experiencias de los hombres. Detrás de la idea teológica de “redención” pone Benjamin un atender a las preguntas que plantean las ruinas humanas, ya que lo olvidado por la razón ilustrada es, como dice Reyes Mate, “un componente de política de los vivos contra los muertos”(Reyes Mates 209:54). En este sentido por tanto, un verdadero conocimiento histórico debe ser redentor, reconociéndole a las víctimas aquello que no han logrado. Es de esta manera que Benjamin vincula su idea de “rememoración” con una construcción del presente desde el pasado que no implica una restauración, sino una re-creación del presente con materiales del pasado, puesto que considera un pasado que fue y sigue siendo, y un pasado que “es sido” y ya no es, que es el de los vencidos. Un pasado vinculado a la memoria, que se le ha impedido vivir y que se caracteriza por un deseo de realización. El pasado ausente del presente, que se vuelve objeto de la memoria, es el que se ha de tomar en cuenta como frustración, injusticia y violencia, obligando así a la recuperación de la memoria de los vencidos, de los vacíos en la memoria histórica, desde un pasado que se vincula a un imperativo moral antes que epistémico. Es así que el trabajo del historiador, desde la perspectiva de Benjamin, es encontrar lo muerto en las huellas de la vida.

“Para los oprimidos, su historia es un permanente estado de excepción”. Con esta expresión Benjamin manifiesta que el pensamiento político se ha acercado a la explotación y a la dominación explicándolas como parte de un proceso positivo, que atiende al conjunto y olvida los momentos negativos considerándolos como simples circunstancias.

Relación Memoria-Historia

En lo que refiere a la relación memoria-historia en Benjamin, se podría decir que si es la memoria la que mira hacia el pasado y encuentra el estado de excepción permanente, no puede ser sólo la historia la que asuma la particularidad como operador continuo de la lógica histórica. La denuncia de esta lógica implica el no olvido de la misma. Si se trata de un imperativo moral de prestar atención al vacío y a lo que implica la interrupción del estado de excepción, no es suficiente con la simple escucha del sobreviviente. La importancia política de la memoria se encuentra en la reelaboración de la historia con las voces oprimidas. El imperativo moral hacia el testimonio se abre en el ámbito de la política si se comprende que la memoria podría suponer una hermenéutica de la historia. La memoria sería entonces capaz de ocuparse de lo no escrito, de lo insignificante. De un pasado cuyo único rastro son los muertos, los sobrevivientes, los testigos.

El deber de la memoria en Benjamin, está vinculado con la puesta en evidencia de la injusticia, que se encuentra en la cancelación del derecho de las víctimas, así como también con la reelaboración de la historia desde el centro mismo de los testimonios. Colocando al testimonio como fuente de conocimiento y al testigo como re escritor de la historia, memoria y justicia quedan intrínsecamente relacionados. El testimonio es un deber porque el olvido no es un componente más de la lógica progresiva, sino el fundamento del proyecto político de la modernidad. Lo que trata es de poner al testimonio como centró neurálgico del replanteamiento de todas las categorías centrales del pensamiento como son la verdad, la bondad, la belleza y la representación, lo que puede suponer, probablemente, la única desactivación posible del estado de excepción permanente en una cultura caracterizada por el olvido. Desde la concepción benjaminiana, las distancias entre historia y memoria podrían acortarse si el privilegio epistémico se acerca a la conmemoración, asumiendo con la certeza colectiva de que ese lugar de conocimiento se recupera del olvido. Tratándose así de un privilegio moral, ganando posición en la reescritura de la historia contra la injusticia. En este sentido, la “presentificación” a la que Benjamin insta, implica una revolución en la que el pasado se ve amplificado por el presente. El presente polariza el acontecimiento en la historia anterior e historia posterior, no solo constituyéndose como ciencia sino también como una forma de recuerdo. Benjamin propone la idea de “tiempo ahora”, haciendo del tiempo histórico algo que no nace hasta que opera una conjunción entre pasado y presente. La crítica benjaminiana a la filosofía del progreso tiene su mirada en la construcción de una representación del tiempo como homogéneo y lineal que avanza hacia la inalcanzable perfectibilidad. El tiempo ahora hace referencia al nuevo estatuto del presente como un instante en el que puede detenerse para hacer estallar el continuum de la historia. Porque emerge desde el pasado el soplo de fuerza mesiánica se mezcla con el presente de manera catastrófica.

En la perspectiva benjaminiana, la contaminación entre historia y memoria es fructífera además de ineludible, de modo que la “singularización” de la Historia que se produce por medio de la memoria no sólo se revela como epistémicamente fundamental, sino que también atiende al testigo, puesto que, como agente histórico, puede aportar al historiador muchas más cosas de las que aporta un documento. En términos epistémicos, el historiador no puede ignorar la memoria ni debe someterse a ella; la historia y el testimonio como centro de la historia, implican un acercamiento políticamente provechoso para la historia. Mirar al pasado es un gesto iluminador para el presente y, en este gesto redentor,  se relacionan memoria e historia, volviendo al testigo un agente políticamente responsable. La memoria tiene una temporalidad que encausa el continuum de la historia y se asemeja al tiempo de la revolución que no es el tiempo de los relojes, sino el tiempo de la remembranza, el de la revolución como acto redentor. El recordar ha de pensarse como instalado en una temporalidad revolucionaria que quiebra la lógica progresiva.

La concepción del tiempo histórico de Walter Benjamin no puede considerarse separada de su idea de escritura de la historia, porque también está marcada por la catástrofe. Es precisamente en su idea de catástrofe y en su recuperación de la tradición literaria, lo que pone en evidencia para Benjamin, que es la lengua la que sobrevive a las catástrofes. Si la escritura está marcada por la catástrofe y la lengua es la que sobrevive, es también la que lleva consigo lo acontecido como susceptible de ser recuperado en el tiempo pleno del ahora. El recuerdo es la actualización que corta la continuidad de la opresión y es esta intervención la que congela el pasado en la imagen, en un gesto historiador resultante de una historiografía como destrucción. Es ahí entonces donde el historiador ha de leer lo que nunca fue escrito y cuestionar sobre lo que ha de escribir. Si se relaciona la lectura que el historiador hace de fragmentos con los testigos como agentes históricos, la catástrofe se deviene ritmo de la historia. El sentido histórico y la historiografía que da cuenta de él se construyen con estos elementos y con la operación central con la que postula una argumentación poniendo de manifiesto una discontinuidad en el discurso que no intenta el eliminar de la catástrofe, sino que la evidencia. Como operación historiadora, es vital para asumir la tarea de interrumpir el estado de excepción continuo.

Para Benjamin, a la historia plena de dominación se debe oponer la historia de los oprimidos; a la intención, el recuerdo involuntario; al decurso, la imagen. Con estos gestos la deuda con los oprimidos se vuelve de obligaciónn político, epistémico y moral. Es una característica fundamental en el pensamiento de Benjamin proponerse tareas cuya irrealizabilidad pide ser establecida a priori. Así se define su comprensión del método para hacer filosofía y para pensar la historia, así como también la tarea del sujeto histórico. El pasado es el pasado trunco y es la condición de fracasado el índice de su tensión hacia la redención.

La clave: redención y rememoración

Para finalizar esta exposición sobre la consideración benjaminiana de la relación historia/memoria y reescritura de la historia, entre la creencia en la redención mesiánica y la crítica materialista, podemos decir que Benjamin construye un nuevo concepto de historia sobre la base de la rememoración y la redención, tanto individual como colectiva, que habilita pensar una filosofía de la historia como una teología de la historia. Probablemente, las ideas que pueden dirimir algunas de estas tensiones sean las de justicia y olvido, ya que el olvido de las víctimas es comparable a la injusticia sobre las que no puede construirse una idea de progreso. La tarea es que se cumpla para las generaciones pasadas y aquí la función del historiador es política porque su misión y su práctica es en busca de esos vacíos, de “lo trunco”. La conciencia histórica que supone la anulación se traslada a la necesidad de desvelamiento del sufrimiento de los otros. Y la contemplación de estas injusticias no es suficiente, pues se necesita la reparación de ese sufrimiento y el cumplimiento de los objetivos por los que lucharon y las batallas liberadoras que siguieron. Cada generación debe esforzarse por ejercer ese poder mesiánico. Esto implica una transformación activa del presente y una interrupción lógica progresiva de dominación y la constitución de una lógica nueva a partir de fragmentos, imágenes, perspectivas, lo que supondrá en Benjamin un pasado pleno, a través de la hegemonía de los relatos y la creación de las condiciones de posibilidad para las luchas emancipatorias que los sostuvieron.  Por lo que podría decirse, siguiendo a Löwy, que la redención exige la rememoración íntegra del pasado, sin hacer diferencia entre acontecimientos o individuos. En este sentido, el olvido del sufrimiento de un solo ser humano implica necesariamente que no hay liberación posible, pues es imprescindible salvar del olvido a cada intento emancipador por igual, reconociéndolo y rememorándolo. El compromiso activo de Benjamin con las víctimas es a fin de descubrir una “constelación crítica”, en palabras de Löwy, entre los fragmentos del pasado y el presente. Es por este motivo que se establece una conexión intrínseca entre la escritura histórica y la política, que Benjamin homologa con el nexo entre rememoración y redención. La redención del pasado se da si el pasado toma una nueva forma y transforma al presente en relación con la promesa que podría haberse olvidado pero que, reinscrita en el presente, ilumina lo actual de manera innovadora. Benjamin no pretende imponer una verdad histórica nueva y totalizadora, simplemente piensa en imágenes fugaces, dialécticas y relampagueantes. Pero se habría de tener en cuenta que esta nueva lógica que pretende romper la lógica progresiva generando un nuevo concepto de historia a partir de las ideas de rememoración y redención, no es solo una estructura conceptual-metafórica vacía que puede trasladarse sin problemas de una verdad a otra.  De modo que es, principalmente, en la herramienta benjaminiana donde se encuentra la principal apuesta política. En este sentido, aún cuando los compromisos detrás del lenguaje de Benjamin no sean siempre fáciles de enfrentar, se vuelve relevante pensar  la práctica historiadora como tarea política y reelaborar la ontología que se encuentra detrás de la tensión político-histórica y comprender que seguir el hilo de las imágenes relampagueantes implica rastrear lo trunco no para imponerlo, sino para reponerlo como un dispositivo para comprender el modo en que la realidad se presenta desde distintos discursos.

Bibliografía:

– Walter Benjamin: Tesis de la filosofía de la historia. Angelus Novus, Barcelona, La gaya ciencia, 1974.

 – Medianoche en la historia. Comentarios a las tesis de Walter Benjamin “Sobre el concepto de historia”, Madrid: Editorial Trotta. 2009

 – Walter Benjamin: Libro de los pasajes, Edición Tiedemann.

http://books.google.es/books?id=Kd_l4FneuVUC&printsec=frontcover&hl=es&source=gbs_ge_summary_r&cad=0#v=onepage&q&f=false

 – Aguilera, Antonio, Historia como interrupción del tiempo.

ANTONIO AGUILERA Universitat de Barcelona – RACO

http://www.raco.cat/index.php/Convivium/article/download/…/98876

 – Löwy, Michael: Walter Benjamin. Aviso de incendio, Una lectura de la tesis “sobre el concepto de historia”. Fondo de cultura económica.

http://es.scribd.com/doc/46460408/LOWY-Michael-Walter-Benjamin-Aviso-de-Incendio

– Reyes Mate, Manuel : Memoria e historia: dos lecturas del pasado.

http://www.letraslibres.com/sites/default/files/pdfs_articulospdf_art_11013_10900.pdf

 

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