Algunos tópicos sobre la Posmodernidad

Adriana Labastie

Introducción

Partiendo de la publicación de Lyotard de La condición posmoderna, podemos considerar que esta condición es la condición del saber en las sociedades más desarrolladas. Lo posmoderno no es lo opuesto de lo moderno, sino su exceso. Es la modernidad misma que invierte sus modalidades y efectos culturales provocando el descrédito de la razón, la ciencia y la técnica. Será a partir del siglo XX que la posmodernidad designará el estado de la cultura luego de las transformaciones que modificaron las reglas del juego de la ciencia, de la literatura y de las artes. Entra aquí también las transformaciones relacionadas con la crisis de los grandes relatos. Se toma por posmoderna la desconfianza en relación a los metarrelatos, lo que indudablemente se da como efecto del progreso de las ciencias.

Partiendo de esto haré un breve recorrido por algunos tópicos de la posmodernidad.

 

Fragmentación epistemológica

El término posmodernidad, que nace de las artes, es introducido en el campo filosófico por Lyotard con su obra La condición posmoderna. Esta posmodernidad es una conjunción ecléctica de teorías. Es un tipo de pensamiento en el que entran diversas temáticas que generalmente están conjuntadas con un hilo teórico poco definido.

La posmodernidad no es una época histórica sino que es una situación espacial. Es una condición humana propia de nuestra cultura que resulta de la emancipación  de la razón y la libertad de la influencia ejercida por los “grandes relatos” que pretendían la homogeneización, eliminando así toda pluralidad, resultando perjudicial para el ser humano. La Posmodernidad se presenta como reivindicación de lo individual y local frente a lo universal, como la era del conocimiento y la información, volviéndose medios de poder. Es una época de desencanto respecto a los ideales modernos; es el lento perecer del progreso.

Por otra parte, como lo mencionó Habermas, el término posmodernidad puede identificarse con el movimiento de deconstrucción, tomando las dicotomías que rigen occidente como lo son sujeto-objeto, voz-escritura, apariencia-realidad, etc., y que establecen una jerarquía de valores que pretende alcanzar la verdad, por lo que se hace necesaria una deconstrucción absoluta de la filosofía moderna para comenzar una nueva práctica filosófica.

La modernidad nació con el establecimiento de la subjetividad como principio constructivo de la totalidad, y es en esta subjetividad un efecto de los discursos en los que estamos inmersos. Con esto se puede entender por qué el mundo posmoderno se caracteriza por una multiplicidad de juegos del lenguaje que pretenden legitimar su manera de ver el mundo.

La posmodernidad evidencia que la razón ha sido sólo una gran narrativa en la historia. Esto supone la muerte de los metarrelatos, en la que la razón y su sujeto se separan. Podría verse como una deconstrucción del cogito y del ideal de unidad.

Términos tales como deconstrucción, diseminación, discontinuidad, a los que Foucault a incluido en su denominada episteme moderna, expresan el rechazo del cogito que se había convertido en algo propio de la filosofía occidental, surgiendo una “obsesión epistemológica” por los fragmentos.

 

Relato, metarrelato y microrelato

La ruptura con la razón universalizadora supone el abandono de las grandes relatos con pretensiones de homogenización para retomar los pequeños relatos. Infinitos juegos del lenguaje que acentúa el carácter particular de todo discurso e impide un comienzo absoluto de la historia de la razón, habilitándose la multiplicidad de discursos. Estos metarralatos tiene como finalidad legitimar, en un futuro por conseguir, toda actividad humana sin buscar la legitimación en un único suceso. Son las verdades supuestamente universales, que se empelan para legitimar proyectos políticos o científicos. El mundo postmoderno ha desechado los metarrelatos. Ninguna justificación puede alcanzar a cubrir toda la realidad, ya que necesariamente caerá en alguna paradoja lógica o alguna insuficiencia en la construcción, especialmente en coherencia. El hombre postmoderno no dirige la totalidad de su vida conforme a un solo relato, porque la existencia humana se ha vuelto tan compleja  que cada región existencial del ser humano tiene que ser justificada por un relato propio, por microrelatos. Estos microrelatos solo pretenden dar sentido a una pequeña y delimitada parte de la realidad y de la existencia, lo que supone una diferencia importante respecto a los metarrelatos. Así, el hombre postmoderno no vive la contradicción que supone el metarrelato porque él mismo ha desfragmentado todas las verdades posibles. Vive la vida como un conjunto de fragmentos independientes entre sí, pasando de una posición a otra sin ningún sentimiento de contradicción interna. La postmodernidad se vive sin sacrificios y sin privaciones, donde la única utopía es la huida del mundo y de la sociedad.

Lyotard al utilizar los términos “relato”, “grandes relatos” y “metarrelato” se dirige a un mismo referente: los discursos legítimadores de nivel ideológico, social, político y científico. “Un metarrelato en terminología de Lyotard es una gran narración con pretenciones justificatorias y explicativas de ciertas instituciones o creencias compartidas”4

El discurso legitimador se caracteriza principalmente por su prosa argumentativa. Todo intento de realizar políticamente un sistema ideológico tiene en su interior el germen del totalitarismo, la determinación de la pluralidad a partir de un solo punto de vista que se impone por todos los medios posibles. En cambio, el microrrelato, no tiene la intención de dar cuenta de hechos verdaderos sino que su consistencia artística deriva de su verosimilitud, es decir, de la capacidad del texto para hacerse creíble dentro de su contexto y del mundo que ha creado. De este modo las obras de arte no son objetos específicos, sino más bien organizaciones imaginarias del mundo, las que para ser activadas han de ponerse en contacto con un modo de vida con un fenómeno concerniente al ser humano, de modo tal que como se hace evidente en la posmodernidad arte, producción y vida se co-determinan y se co-pertenecen. Dejar de lado los grandes relatos es una forma de emancipación del individuo liberado del terror de los megasistemas, de la uniformidad de lo verdadero, del derecho a las diferencias, a la multiplicidades en referencia a la realidad.

Ahora bien, en lo que refiera a la interpretación, ésta es condición necesaria para que podamos conocer y dar sentido a la  realidad. Es propio de la posmodernidad a la hora de interpretar un texto basarse en la Hermenéutica. Con la hermenéutica posmoderna el texto se independiza del autor hasta tal punto de que el autor pude ser obviado. Se dan dos tendencias bien diferenciadas y contradictorias sobre la autoría, por un lado la que la desprecia por centrarse únicamente en el texto y por otro la que quiere explicar el texto según lo que quiso decir el autor. No cabe hablar propiamente de un autor, pues el autor del texto se ha perdido. Gianni Vattimo, define el pensamiento posmoderno diciendo: “en él lo importante no son los hechos sino sus interpretaciones”.

 

Pensamiento débil

La mayor influencia de la posmodernidad se manifiesta en el relativismo cultural. La moral posmoderna cuestiona el cinismo religioso predominante en la cultura occidental y hace hincapié en un ética basada en la intencionalidad de los actos y la comprensión inter y transcultural abriéndose a la tolerancia y a la diversidad. Es el paso del pensamiento fuerte, metafísico, de las cosmovisiones filosóficas bien perfiladas, a, en palabras de Vattimo, un pensamiento débil, a una modalidad de nihilismo débil. La idea de pensamiento débil de Gianni Vattimo se trata de un pensamiento profundamente crítico que no tolera ninguna pretensión totalitaria sobre la realidad, ningún pensamiento que quiera trascender los límites del microrrelato. Detrás de cada metarrelato como pretensión de interpretación última sobre la realidad se esconde un interés de poder que a través del lenguaje pretende someter la realidad a una visión unívoca y normativa que anula el potencial humano de hacer y crear mundos. El punto de partida de este paradigma de asalto a la razón se sitúa en el Romanticismo como la pretensión de volver al panteísmo, el retorno a lo primitivo, etc. y en la filosofía de Nietzsche, que intentará revitalizar esto ideales adhiriendo su toque personal de una filosofía individualista, de relatividad gnoseológica y moral, vitalista, nihilista y ateísta, en el escenario de la irracionalidad. Nietzsche es quien mejor representa la obsesión filosófica del Ser perdido, del nihilismo triunfante después de la muerte de Dios.

 

 

 

Repercusión del cambio cultural en la Filosofía

La postmodernidad ha impulsado un nuevo eclecticismo en la arquitectura, un nuevo realismo y subjetivismos en la pintura y  en la literatura y un nuevo tradicionalismo en la música”1. La repercusión de este cambio cultural en la filosofía ha provocado una forma de pensar fragmentaria y pluralista basada en la destrucción de la unidad del lenguaje a través de la filosofía  de Nietzsche y de Wittgenstein.

Lo específicamente posmoderno son los nuevos contextualismos o eclecticismos. Permanece un rechazo de racionalismo de la modernidad a favor de un juego de signos y fragmentos. La sensibilidad propia de la ilustración se transforma en el cinismo contemporáneo: multiplicidad y contradicción, duplicidad de sentidos… Un lema propio para caracterizar la posmodernidad podría ser “Ni si ni no, sino todo lo contrario”.2

De esta manera se dice adiós a la idea de un progreso unilateral, surgiendo una nueva consideración de la simultaneidad, haciéndose evidente la imposibilidad de sintetizar formas de vida diferentes. La posmodernidad como proceso de descubrimiento, supone un giro de la conciencia, la cual debe adoptar otro modo de ver, de sentir, de constituirse. Saber la dimensión de la pluralidad supone descubrirse en lo múltiple. La Modernidad confundió la razón, entendida como facultad, como una forma  de racionalidad concreta, quedando reducida al ámbito de la razón científica, natural y matemática, ignorando formas  de racionalidad y de pensamiento, como por ejemplo lo estético y literario.

 

La cultura del simulacro

En la cultura posmoderna se acentúa un individualismo extremo, con una ética permisiva y hedonista; el esfuerzo ya no está de moda, todo lo que supone disciplina se ha desvalorizado a favor del culto al deseo y de su realización inmediata. Asociaciones libres, espontaneidad creativa, nuestra ideología de bienestar estimula la dispersión, lo temporal en lugar de lo voluntario, contribuyen al desmenuzamiento del Yo. El mantenerse siempre joven, el culto al cuerpo, la gran variedad de dietas y gimnasios de distintos tipos, tratamientos revitalizantes, cirugías estéticas, etc, convierten al sujeto posmoderno en un objeto que se basa en la apariencia encadenado al consumismo desmesurado del capitalismo perverso. En la postmodernidad los sucesos pasan. “No hay drama”… El saber postmoderno hace más útil nuestra sensibilidad ante las diferencias y fortalece nuestra capacidad de soportar lo ilimitado de este mundo.

Es por todo esto que el Ser ya no tiene valor, sino que lo que se valora es el Parecer. Esto se conoce como cultura del simulacro3. El signo se torna una obsesión. La mercancía y la sociedad contemporánea están consumidas por un artefacto que suplanta y devora lentamente lo real, convirtiendo lo real en secundario. Vivimos en un universo parecido al original. Modernidad y Posmodernidad se diferencian porque la relación entre hombre y cosas es cada vez más mediatizadas. Esto provoca una desmaterialización de la realidad. Somos indiferentes al mundo. “Vivimos en un mundo en el que la más elevada función del signo es hacer desaparecer la realidad, y enmascarar al mismo tiempo esa desaparición” señala Baudrillar. Un claro ejemplo de esto es el avance tecnológico en los Mass media y la relación de los mundos virtuales que cada vez más destruyen la comunicación interpersonal, cara a cara. Baudrillar anticipa el despliegue progresivo de un mundo en el que toda posibilidad de imaginar queda eliminada. Ya no son las ilusiones, los sueños, la locura, las drogas los destructores naturales de la realidad. La virtualidad pasa a anular el mundo real, transformándose en creación del mundo real. El mundo se transforma en aporético, virtualidad, realidad, virtualidad, realidad… Podríamos decir que la revolución de la posmodernidad supone un enorme proceso de pérdida de sentido que ha llevado a la deconstrucción de todas las historias, referencias y finalidades, donde el futuro ya ha llegado. Donde todo está ahí. No hay nada que esperar. La Posmodernidad sería una realidad histórica-poshistórica ya cumplida. En este sentido, artista y escritor trabajan para establecer las reglas de lo que habría llegado a ser.

El posmodernismo como ideología puede ser entendido como síntoma de los cambios estructurales más profundos que tiene lugar nuestra sociedad y su cultura. La verdad se convierte en verdad interpretativa o verdad hermenéutica.

 

Proyecto de desobjetivación: la muerte del autor

El autor es un producto cultural que da lugar al yo individual, que provoca la pérdida de la experiencia colectiva modifica la idea misma de relato y el sentido colectivo de la escritura, motivo que lleva al intento de eliminar al autor como figura institucionalizadota. Como sucesor del autor, el escritor ya no tiene sentimientos propios, sino que divide discursos propios y ajenos, en una intertextualidad que prolifera hasta perder la identidad. La muerte del autor supone una desobjetivación con la que se pretende eliminar la referencia a un sujeto originario sustentador de la verdad y el sentido del texto. La pretensión de objetividad contingente del sujeto, ha generado una dudas y sospechas en relación a la noción misma de sujeto que sostiene los discursos científicos y filosóficos desde la modernidad.

Hay en la posmodernidad dos tendencias bien diferenciadas sobre la autoría, la que la desprecia por centrarse únicamente en el texto y la que quiere  explicar el texto  como reproducción del autor. Por tanto, ya no vale hablar del autor propiamente, ya que este, como autor del texto se ha perdido como sujeto, hoy son los sistemas de producción de signos  como el cine, la moda, el diseño, los que reclaman la atención. e influyen de manera decisiva en el modo de ser posmoderno, el cual sólo puede entenderse a partir de la hermenéutica.

El saber posmoderno es la diversidad y diseminación de los lenguajes, de las teorías emergentes, con lo que salimos de la disciplina para montarnos en la continuidad democrática e individualista de este momento posmoderno.

Referencias y Bibliografía

1 INNERARITY, Daniel, Dialéctica de la Modernidad,

http://books.google.es/books?id=1OB-JJDVJB4C&printsec=frontcover&hl=es&source=gbs_ge_summary_r&cad=0#v=onepage&q&f=false

2LIPOVETSKY, Gilles. (1992),  El crepúsculo del deber. La ética indolora de los nuevos tiemposdemocráticos, Anagrama.

http://es.scribd.com/doc/16950946/Lipovetsky-Gilles-El-crepusculo-del-deber-La-etica-indolora-de-los-nuevos-tiempos-democraticos-1992

DIÉGUEZ, Antonio (2006). La ciencia desde una perspectiva postmoderna: Entre la legitimidad política y la validez epistemológica. II Jornadas de Filosofía: Filosofía y política

http://webpersonal.uma.es/~DIEGUEZ/hipervpdf/CIENCIAPOSTMODERNA.pdf

 

LYOTARD, Jean-François (1989).  La condición postmoderna. Informe sobre el

saber. FMM Educación.  http://www.fmmeducacion.com.ar/…/Lyotard_lacondicionposmoderna.do

VATTIMO, Gianni. El fin de la modernidad. Nihilismo y hermanéutica en la cultura posmoderna.Gedisa.

http://es.scribd.com/doc/16462564/Vattimo-G-El-fin-de-la-modernidad-Nihilismo-y-hermeneutica-en-la-cultura-posmoderna-1985

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