El lenguaje en la apertura del mundo y en la estructura de la comprensión en Martin Heidegger

Por Adriana Labastie

Básicamente, todo el desarrollo del pensamiento de Heidegger tiene como punto de partida la reformulación de la pregunta por el sentido del Ser que, con la ontología antigua, planteada desde Platón hasta la lógica de Hegel, se ha visto opacada. Es así pues que, para comenzar este ensayo es preciso comenzar explicando cómo definió Heidegger los conceptos Ser y Ente y entender qué es el Dasein, para luego poder comprender las formas de apertura y de comprensión de éste último a través del lenguaje.

Heidegger reformula la estructura formal de la pregunta por el ser. La pregunta misma, ya en su formulación, tiene un carácter de ser y al plantearla nos estamos moviendo dentro de la comprensión del ser, por lo que de algún modo ya disponemos del sentido del ser sin aún poder comprender qué es. El ser es aquello que determina al ente. El ser es el estar- ahí del ente pero el ser del ente no es un ente. Es al ente al que se le interroga por su ser. Con esto decimos que el ente tiene ser, pero el ser no es un ente. Un ente es aquello respecto al cual dirigimos nuestro comportamiento, aquello que somos, aquello de lo que hablamos.

La elaboración de la pregunta por el ser exige explicar el modo de dirigir la vista hacia el ser, de comprender y captar conceptualmente su sentido. Todos esto son modos de ser del ente que formula la pregunta. Nosotros mismos somos ese ente que formula la pregunta. Es en esta acción que nosotros como entes nos tornamos transparentes frente a nuestro ser y nuestra transparencia es la pregunta misma en su posibilidad de ser, es lo que Heidegger llamará Dasein, exposición de un ente frente a su ser. El Dasein tiene una relación de ser con su ser, comprendiéndose a sí mismo en cierto grado de explicitud. La comprensión del ser es en si misma una determinación del Dasein. Y es por este sentido de su propia comprensión de su propio ser que podemos decir que el Dasein es ontológico. El Dasein es la pura expresión del ser en tanto que tiene su ser como suyo y su existencia se da en relación con su ser.

Al Dasein le corresponde esencialmente estar en el mundo dado que la comprensión del ser propia del Dasein implica la comprensión del mundo y la comprensión del ser del ente se hace accesible dentro del mundo.

El Dasein tiene un carácter óntico-ontológico. Óntico por estar determinado en su ser por su propia existencia. Ontológico dada su determinación por la existencia el Dasein. También tiene el Dasein la primacía de ser la condición de posibilidad óntico-ontológico en tanto que le pertenece una comprensión del ser de todo ente que no tiene su modo de ser.

Ahora bien, la forma en que el Dasein comprende es, de las estructuras existenciales en que se mueve el ser del “Ahí”, la principal. Es un modo fundamental del ser del Dasein. Comprender y explicar son constitutivos del comprender originario que implica su estar-ahí y en esta aperturidad de estar-en-el- mundo en cuanto tal es en donde se da el comprender. La significatividad es aquello en función de lo cual se presenta el mundo como tal, lo que significa que el Dasen es el ente al que le va su propio ser.

Heidegger explica que en el lenguaje óntico se usa la expresión “comprender algo” en el sentido de poder hacer frente a una cosa, a saber algo. Lo que se comprende es el ser en cuanto existe. En el comprender se da existencialmente ese modo de ser del Dasein que es el poder ser. El Dasein es un ser posible ya que es siempre lo que puede ser y en el modo de su posibilidad, entendiéndose esta posibilidad como existencial, es la más originaria determinación ontológica positiva del Dasein.

El lenguaje nos hace ver una relación del lenguaje con el ser. En esta relación el lenguaje deja de ser solo una herramienta que nos trae el mundo en su objetividad, sino que también supone una transformación en la forma que vivimos el mundo.

Heidegger hace una diferenciación entre Rede y Sprache, lo que se traduciría como “habla” y “lenguaje”.

El decir algo, acercar algo, dirigirse a alguien, comunicar y expresarse por parte de quien habla son los rasgos estructurales que Heidegger encuentra en la Rede, que es la condición de posibilidad del habla. Esta condición ontológica constituye el ser del Dasein que es quien habla.

El carácter de articulación de la Rede es lo que la convierte en fundamento del habla y del lenguaje. Y es el mundo que posibilita esa articulación a través de su estructura de significatividad, por lo que podemos subrayar que no necesariamente es un útil lingüístico sino que también dicha significatividad la podemos ver en el gesto, en la danza, etc.

El habla y el lenguaje, se basan en esa capacidad de articulación propia que tiene el ser humano. Normalmente conocemos una doble distinción del lenguaje, por un lado como una herramienta de comunicación, por otro, como el medio por el cual se expresa el pensamiento, lo que supone por una parte una oposición del mundo frente al lenguaje y por otra que el lenguaje se distingue el mismo del pensamiento, dando la idea de que las palabras son signos sensibles dotados de significado, presupuesto ontológico cartesiano que articula el mundo en res extensa y res cogitans, confundiendo el ser con lo ente.

Frente a esa concepción que contrapone lenguaje a conciencia y a realidad, Heidegger  intenta mostrar que el lenguaje es un modo originario del Dasein y del mundo. Por tanto, lo propio del lenguaje es revelar la existencia concreta en sus vicisitudes. Por esa vía ontológica, el lenguaje hace manifiesto el Dasein en su estar abierto al mundo y a sí mismo. El lenguaje tiene el modo de ser del Dasein; por eso su función esencial es descubrir. Descubre por medio de la interpretación, que es la manera en que se nos presenta el mundo por medio de la estructura del algo en cuanto algo. Ese descubrir es siempre con otros y para otros porque es propio del Dasein el estar-siendo-con-otros. Pero al mismo tiempo es un autodescubrirse ya que no puede el Dasein dejar de estar donde está, que es desde donde emanan sus palabras.

Hemos de tener en cuenta que en todo lo dicho se halla la distinción entre lo que Heidegger llama “usar” el lenguaje y “hablarlo”. Usar, como un útil,  es lo que se hace en el habla cotidiana cuando para lograr algo se utilizan frases aprendida. Hablarlo, die Sprache sprechen, es distinto, “esta palabra hablante”, en términos de Merlau- Ponty, es la que descubre algo nuevo.

Debemos olvidarnos de la idea de que el lenguaje expresa el pensamiento si queremos entender lo que Heidegger está diciendo. Hay dos tradiciones al respecto a lo largo de la historia, la tradición que identificaría lenguaje y pensamiento, como lo hace Platón en el Sofista; y tradición que mantiene nuestra concepción usual de que el lenguaje expresaría el pensamiento hecho de otra materia: la materia inteligible.

De estas dos corrientes es mucho más provechosa la explicación dada por Platón, llamando pensamiento al diálogo silencioso que se desenvuelve en nuestro interior. Realmente estamos llamando “pensamiento” al acto de hablar, a la actividad que emana de las palabras y que las proyecta sobre las cosas y el mundo. Ese “pensamiento” sería el lenguaje en acción, que se fusiona con los objetos de que hablamos, con el mundo que los integra y con cualquier clase de conducta humana que se da con un sentido ajustado a una formulación verbal.

Con esto Heidegger identificará pensar en sentido estricto y hablar, el hablar del lenguaje. Con esta distinción Heidegger entenderá que no hay interioridad que se exteriorice. No hay sujeto cerrado, no hay interioridad, sino siempre apertura abierta. Vulgarmente llamamos “interior” a aquello que no está expuesto a la mirada ajena, como son nuestros pensamientos, sentimientos, etc.

Cuando pensamos en el lenguaje a parte de pensar en  palabras o en voces, a las que sólo luego les otorgamos una significación, también nos detenemos en lo que sería el significante. Y justificamos tal visión en el hecho de que, efectivamente, tropezamos muy a menudo con mucha palabra vacía. Nos movemos dentro de un esquema en el que a palabras vacías podemos dar un significado sólo cuando leemos la definición. Pero no es así. Cuando oímos, oímos palabras que significan algo, nos colocamos inmediatamente en medio de lo que se habla. Por eso, explica Heidegger, entender el lenguaje es entrar en su juego. Es así que el oír es siempre un oír entendiendo. Y eso es precisamente la prueba fenomenológica de que estamos en completa fusión con el mundo en que vivimos. Del mismo modo, cuando oímos lo que se habla, oímos lo que se dice, y no significantes a los que hayamos de proveer de significado. Se entienda o no, siempre oímos lo que se dice. También podemos entender a través de la dicción, por el modo en que se dice,  pero sólo junto a lo dicho, nunca separado de ello. Somos nosotros los que oímos y no el oído, por lo que es válido decir que lo sensible puro es lo más abstracto. Lo que escuchamos en cada caso no se agota nunca en aquello que capta nuestro oído, ya que este es condición necesaria pero no suficiente.

Desde la experiencia fenoménica podemos afirmar por un lado que la distinción significante/significado, es posterior, analítica, y consecuencia de considerar el lenguaje como un objeto y, como tal, objeto posible de una ciencia y por otro lado, que estamos de entrada en lo que se entiende, en lo que se ha entendido. El lenguaje actúa, una vez entendido lo dicho, articulando de manera determinada el mundo que rodea al ser que entiende. Esto sucede porque el lenguaje es un modo de ser del Dasein, no un instrumento a su disposición ni un objeto representacional.

Pensar que le lenguaje y el mundo están separados no nos permite ver lo adentrados que estamos en el mundo por medio del habla. Pensar esto es otra forma de escisión en la relación sujeto – mundo. El lenguaje, como podemos ver, solo funcionará si no existen estos cortes entre sujeto-mundo, significante- significado. Lenguaje y cosas, entendiendo cosas también como relaciones, acciones, etc., ya están unidas. Necesitamos del lenguaje para relacionarnos en la vida con todo lo que hacemos. Si hay cosas que están fuera de lo significante que es el mundo es porque todavía no son cosas. El lenguaje es vivo ya que se basa en la presencia hablada de las cosas. Presencia que hace significante al lenguaje. Heidegger lo explica diciendo que antes de ver las cosas hablamos de ellas, vemos aquello de lo que hablamos. Esto no significa que no haya una realidad empírica sino que, por el contrario, la realidad humana se compone de lo empírico atravesado por el lenguaje. Esto significa que la percepción es también lingüística desde el comienzo ya que las palabras están integradas en el mundo permitiendo la apertura del mismo para hacernos comprender qué es lo que quieren decir.

Retomando términos de Heidegger hemos de recordad así que el lenguaje es un modo de ser del Dasein y, en tanto que modo de ser de este participa de un cuidar del mundo y un estar siendo en la verdad, trayéndonos a presencia las cosas, en abrir el mundo y descubrirlo.

Por otra parte y para acabar, un elemento que también es estructural del lenguaje y que no debemos olvidar es el silencio puesto que, dominar el lenguaje implica esperar, escuchar en silencio a que las palabras vengan a nosotros. El silencio es un modo de atender al ser. El verdadero dominio del lenguaje se basa en la apropiación originaria de las cosas.

Heidegger decía que la posibilidad de la palabra, de la conversación auténtica está ahí, en el mero hecho de que podamos ir rectificando lo entendido, lo descubierto y abriendo nuevas vistas. Considerando que el discurso permite captar nuevas posibilidades del Dasein, principalmente en la literatura dice Heidegger, siendo positivo como modo de producción del Dasein, lo que supone tiempo en acción, un existir existiendo. 

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