Kepler y Galileo, rivales en la defensa del copernicanismo

Por Adriana Labastie

Introducción

En el siglo XVI el heliocentrismo estaba tachado como herético, pero hubieron dos personajes importantes en la historia de la revolución cosmológica que dedicaron su vida para defender las teorías copernicanas y dar un estatus de verdad a las tesis cosmológicas presentadas por Nicolás Copérnico. Estos dos personajes fueron Kepler y Galileo. En las siguientes líneas veremos cómo estos dos genios se enfrentaron por una causa común.

Los inicios del copernicanismo

En una época en que las verdades cosmológicas aún estaban suscritas al aristotelismo y al sistema de Ptolomeo, y donde se debía tener cura de que lo que se publicara no contradijera las verdades presentadas en las Santas Escrituras, Nicolás Copérnico presenta, en 1543, el De revolutionibus, libro que cambiaría por completo la teoría astronómica que regía hasta ese momento.

En el De revolutionibus, Copérnico tiene el atrevimiento de cambiar la posición del sol y de la tierra y de inmovilizar la esfera de las estrellas fijas. Presenta un universo estéticamente ordenado y armonioso regido por leyes matemáticas. Pero esta presentación no fue aceptada como una teoría verdadera, si no más bien como una obra de ficción ya que contradecía las verdades de las Escrituras. Esto se puede ver claramente en la prólogo dirigido al lector, escrito por Osiander en donde explícitamente indica cómo debe ser leído este libro. Lo que tuvo buena recepción del De revolutionibus fueron las hipótesis matemáticas, puesto que permitían resolver algunos de los problemas matemáticos que se estaban planteando en el momento. Quien dio a conocer el De revolutionbus fue Joachim Rheticus, primer discípulo y defensor de Copérnico. Rheticus presento el libro de Copérnico en el Círculo de Wittenberg, círculo formado principalmente por matemáticos luteranos y que estaba dirigido por Melanchton. Melanchton, que era luterano, aunque aplaudió la aplicación de las matemáticas en la obra de Copérnico, no aceptó las tesis cosmológicas que aparecían expuestas en la misma. De todas maneras, Melanchton ordenó a Erasmus Reinhold la preparación de unas tablas astronómicas en las que se utilizaron los datos matemáticos aportados por Copérnico. Estas tablas se difundieron por toda Alemania lo que provocó que tanto Copérnico como Reinhold fueran un referente en los ámbitos universitarios.

Pero en este proceso lo que se difundió en esa época era solo una parte del copernicanismo. El copernicanismo auténtico se retomará en Alemania en la década de 1570 como consecuencia de una serie importante de fenómenos celestes, como lo fue la nova de 1572, que ponían en entre dicho a las autoridades vigentes.

En Italia, por su parte, aceptar las ideas que venían de países protestantes era directamente tildado como herético. Los italianos se mostraron más conservadores y continuaban trabajando con las homocéntricas de Fracastoro o con el sistema de once cielos de Sacrobosco. Es válido hacer una brevísima referencia al caso de Giordano Bruno que, en su intento por defender el copernicanismo y su teoría del mundo infinito, contrario a lo que aparecía en las Escrituras, acabó condenado como hereje por la Santa Inquisición y, abrazado a sus ideas, muere quemado en la hoguera el 17 de febrero de 1600.

Kepler y su primera conexión con Galileo

Kepler dedicó toda su carrera a demostrar la coherencia y la armonía del universo heliocéntrico puesto que, para él, el universo era un sistema armónico en el que todos los elementos eran interdependientes.

Cuando finalizó sus estudios aceptó un puesto como matemático en Graz donde redactó su primer libro, el Mysterium cosmographicum, que aparecerá impreso en 1596. Esta obra fue su primer intento de demostrar la armonía que subyace en el orden del mundo. Pretendía descubrir las relaciones geométricas que determinan la sucesión de los seis planetas y sus trayectorias. Descubrió que el número de planetas y sus distancias respecto al Sol se explican por la interposición, entre cada una de ellas, de uno de los cincos poliedros regulares del modelo. Este cálculo geométrico era muy similar a las medidas dadas por Copérnico. Con estos hallazgos Kepler intentó dar a conocer su libro a los matemáticos más destacados de toda Europa, incluyendo los de países católicos. Fue de esta manera que estableció el primer contacto con Galileo quien ya también, como Kepler, defendía el copernicanismo.

Si bien, como mencioné anteriormente, el ambiente en la Italia de esa época no era propicio para presentar nuevas ideas, Galileo ya había leído las principales obras de los astrónomos alemanes y la correspondencia de Tycho Brahe, aparecida en 1596, que contenía las discusiones mantenidas con Rothman sobre la cuestión copernicana. Por otro lado, vivía en Padua, pero con frecuentes contactos con Venecia, dos ciudades  tolerantes y abiertas a los intercambios culturales.

Galileo investigó e intentó relacionar la hipótesis astronómica con la explicación de los efectos naturales. Lo que demuestra que el interés de Galileo por el heliocentrismo no era fruto de una simple curiosidad de matemático, sino que se debía a la intención de comprender el funcionamiento de la naturaleza en su conjunto

Pero hasta el momento de la recepción del Mysterium, Galileo no había publicado nada acerca de sus investigaciones, haciéndoselo saber al mismo Kepler. En respuesta, Kepler anima a Galileo a cambiar su postura reservada explicándole que Copérnico no puede imponerse sino gracias a la intervención de los matemáticos puesto que las razones que él propone para convencer no tenían ningún peso entre la masa ignorante. Por tanto había que fijarse en los matemáticos que trabajaban para lograr un objetivo común, comunicando sus avances por carta con el ánimo de mostrar que la comunidad de matemáticos aprobaba unánimemente el copemicanismo. De este modo, esta doctrina terminaría convirtiéndose en autoridad. Ante esto Galileo nunca se pronunció.

Encuentro de Kepler con Tycho Brahe

En 1600, Tycho Brahe recibió a Kepler en Praga y le planteó una serie de observaciones a corregir de las teorías planetarias. Debía ocuparse del problema del movimiento de Marte. Problema que resuelve ocho años después de la muerte de Tycho. Kepler constató que los antiguos modelos geométricos no eran válidos y que se debía asumir la elipse para marcar los movimientos celestes. El descubrimiento de la elipse como curva característica del modelo dinámico de los planetas reforzó el carácter coherente y armónico del universo copernicano, en donde cada planeta recorre una elipse, uno de los cuales está ocupado por el Sol. La variación de esa distancia respecto al sol en el curso de su trayectoria es lo que hace variar su velocidad. Cuanto más cerca está el planeta del Sol, más rápida es su velocidad, como si el Sol lo impulsara con una fuerza magnética. La Astronomia nova de Kepler, pone de manifiesto la forma en la que consiguió transformar profundamente la antigua concepción de la relación entre experiencia y teoría. Pero también tenía una serie de convicciones cosmológicas, que le impedían enfrentarse de forma aislada a los diferentes problemas y recurrir a soluciones adicionales, tal y como se hacía antes que él (allí donde un círculo no bastaba se añadían dos o tres más hasta conseguir que el modelo funcionara geométricamente). Kepler se esforzó por encontrar una curva simple que sirviera para todos los movimientos celestes y al conseguirlo progresó en su diseño general. Luego de esta publicación, quiso conocer la reacción de otros copernicanos, sobre todo volver a conocer la opinión de Galileo. Pero las primeras noticias que le llegaron de Italia, nada tenían que ver son su fantástico hallazgo, sino que eran referentes al descubrimiento del telescopio.

Kepler y Galileo

El telescopio apareció en 1608 en Holanda donde tres artesanos reivindicaron simultáneamente el invento pero, dado que el nuevo  invento era fácil de copiar se difundió rápidamente. El astuto Galileo, inmediatamente estudió como crear y perfeccionar este invento, con lo que, en 1609 consiguió tener un telescopio de veinte aumentos  con el que hizo sus mayores descubrimientos como fueron las montañas de la Luna, la naturaleza de las nebulosas y de la Vía Láctea o los satélites de Júpiter.  En la primavera de 1610 publicó Sidereus nuncios (El mensajero celeste) con el que no solo anuncia estos descubrimientos a toda Europa, sino se atreve a afirmar explícitamente que sus descubrimientos son pruebas que apoyan la validez del copernicanismo. Deja en evidencia la teorías como la de la inmutabilidad de los cielos, la teoría geocéntrica, la de los cuerpos pesado, la de los movimientos aparentes.  El primer descubrimiento fue el de las montañas de la Luna, deducido de la observación de juegos de sombras y luces en la superficie de ese planeta. Si la Luna era un cuerpo rugoso, lleno de protuberancias y agujeros, se debería pensar que era un cuerpo parecido a la Tierra. Esta similitud entre la Tierra y la Luna restó fuerza a la principal objeción que se le hizo a Copérnico sobre la imposibilidad de que la Tierra se moviese, ya que estaba considerada como el único cuerpo pesado del universo. Por otra parte, la obra revela que el telescopio agranda a las estrellas menos que a los planetas pero que ello no impide que las estrellas metamorfoseen el paisaje del cielo nocturno. Aparecen gran cantidad de nuevas estrellas y la Vía Láctea ya no se ve como una nube sino como un gigantesco conjunto de pequeños astros. Enseguida llega el descubrimiento de los satélites de Júpiter, con lo que se puede probar que es posible la existencia de varios centros de movimiento en el universo, cosa que ya Copérnico había sospechado, al asignar a la Tierra el lugar de centro secundario de movimiento con la Luna girando a su alrededor. Con la publicación del Sidereus nuncius Galileo asume explícitamente participar en el intento de conseguir que la nueva concepción de la naturaleza fuera reconocida y aceptada. Desde ese momento Galileo se posicionó como rival y colaborador al mismo tiempo con Kepler. La publicación del Sidereus  desencadenó importantes reacciones, en su mayoría hostiles. Para los matemáticos alemanes Galileo no era nada recomendable porque era italiano y católico, y porque no se había dado a conocer como un profesional de los cálculos astronómicos. Galileo fue acusado de deshonesto, mentiroso y astuto principalmente por haber robado el telescopio a los holandeses. Kepler tampoco estuvo muy afín de defender a Galileo en tanto que como alemán no tenía porqué defender a un italiano, pero conociendo de antemano la relación de galileo con el copernicanismo, Kepler mantuvo su postura fiel a su proyecto inicial de unión de los astrónomos copernicanos y afirmo que lo que Galileo presentaba en el Sidereus era una nueva visión del mundo por lo que no defendía al italiano pero si defendía ante todo la verdad.

Cada vez que Kepler hacía una evaluación de la obra de Galileo hacía dos distinciones, por un lado ponía la penosa deducción de causas invisibles y, por otro, la exploración del mundo visible, dejando en evidencia hasta qué punto el genial manipulador del telescopio desconocía todo lo relativo a los principios de la óptica e incluso no hacía ningún esfuerzo para comprenderlos mejor, ya que parecía no haber leído sus propios trabajos sobre la cuestión.

Tras el Sidereus nuncius, Galileo continuó con sus investigaciones. Observó que Venus tenía fases, cosa que sugirió una analogía con la Luna, y que esas fases se presentaban de tal manera que probaban la rotación de Venus alrededor  del Sol. Más tarde, entre 1611 y 1613, el telescopio permite observar las manchas solares

Galileo redactó en 1613 tres respuestas sucesivas bajo el título de Istoria e dimostrazioni in torno alle macchie solari... Demostró que se trataba efectivamente de manchas, situadas en la superficie del Sol y a las que arrastra en su rotación, manchas que no eran estables ya que se las veía deformarse. La idea de la perfección y de la inmutabilidad de los cielos pasó, de ser esencial en la cosmología antigua, a ser contradicha manifiestamente. Galileo sólo observó con el telescopio los objetos que le servían para sus propósitos, eligiendo la interpretación que más se adecuara a su parecer. Todas estas observaciones e interpretaciones copernicanas entre 1610-1613 fueron reunidas en los Diálogos de 1632. En el primer libro, las montañas lunares, junto con las manchas solares, vienen a sumarse a la cuestión de la refutación de la incorruptibilidad de los cielos, mientras que en el tercero los otros descubrimientos del telescopio aportan pruebas positivas como la analogía entre la Luna y los satélites de Júpiter, las fases de Venus e incluso la imagen de las estrellas fijas.

También Kepler continuó con sus trabajos, puesto que no estaba convencido que la búsqueda de pruebas físicas podían ayudar a la mejora la implantación del método copernicano. Continuó fiel a su método que consistía en demostrar la superioridad racional del sistema copernicano y en probar que permite evidenciar la armonía del mundo tal y como Dios lo había concebido.

Aunque perdió todo contacto con Galileo, Kepler se mantuvo informado sobre los trabajos de este.

En 1616, la Iglesia adopta una postura oficial frente al copemicanismo, lo que hace que la situación se vuelve peligrosa para todo aquel que fuera en contra de la Escritura. En 1615 las posturas filosóficas adoptadas por Galileo lo convirtieron en víctima de denuncias que provocan que la Santa Sede estudiara su caso y, sobre todo, la cuestión que lo relacionaban con el heliocentrismo. El padre Francesco Ingoli escribió en ese momento, bajo la forma de una carta a Galileo, una Disputatio contra el sistema copernicano que provocó la introducción en el Índice del De revolutionibus hasta ser corregido. Por su parte Kepler al leer la Disputatio de Ingoli en junio de 1617 toma cartas en el asunto y responde extensamente a sus objeciones contra el movimiento de la tierra. Como consecuencia, Kepler pudo ver como su libro más reciente, el Epítome, acabó también dentro del Índice.

Galileo mantuvo su indiferencia hacia Kepler, rechazando incluso sus leyes del movimiento planetario. Galileo creyó que esas leyes continuaban circunscribiendo el heliocentrismo al pequeño universo de los matemáticos, por lo que estaban condenadas a ser entendidas solamente por una pequeña elite.

Galileo nunca dejó de trabajar para conseguir que la nueva filosofía triunfara. Escribió en italiano para el público culto de la Corte de Toscana y para la Corte papal. En lugar de buscar cómo convencer a la elite de los matemáticos de Europa, optó por dirigirse a los cardenales romanos y muy pronto hacia el Papa mismo cuando, por azar, el florentino Maffeo Barberini, con quien Galileo mantenía una amistosa relación, fue nombrado a ocupar el puesto de Papa como Urbano VIII en 1623. Barberini cambiará radicalmente su actitud hacia el copernicanismo y hacia Galileo en 1630, luego de la difusión de los Diálogos, pero no entraré en los detalles de este asunto.

La actitud de desprecio por parte de Galileo hacia los trabajos de los astrónomos alemanes acaba por irritar a Kepler. Cuando en una discusión sobre la naturaleza de los cometas Galileo ataca los trabajos de Tycho Brahe, se propone defenderlo publicando un Tychonis… Hyperaspistes (Frankfurt, 1625). Ese libro, que contenía un apéndice en el que se introducía una crítica bastante severa del Saggiatore de Galileo constituyó el último encuentro entre los dos astrónomos que mostró claramente el desacuerdo entre estos dos copernicanos.

Conclusión

¿Cómo podría haber seguido la historia de la ciencia si estos dos genios hubieran trabajado en conjunto para defender el copernicanismo? Es una buena pregunta simplemente para imaginar hipótesis. Lo que sí sabemos es que por distintas circunstancias Kepler y Galileo no supieron lograr esa unión. Recordemos que no vivieron en una época fácil, los enfrentamientos políticos y religiosos de ese momento eran un fuerte impedimento para que se diera esa conjunción, a lo que se le ha de sumar sus distintos caracteres y, aunque ambos compartían la idea de la coherente inflexibilidad de la naturaleza, las formas de seguir sus investigaciones que fueron distintas. Kepler mantenía la idea de la primacía de la razón en el establecimiento de las verdades cosmológicas. Así que su defensa del copernicanismo consistió en trabajar con el objetivo de descifrar las causas inteligibles que gobiernan el orden del mundo. Por su parte, Galileo eligió probar la validez del sistema heliocéntrico mediante los efectos naturales, demostrando que distintos fenómenos físicos solo podían ser explicados con este sistema cosmológico.

Quizás un método pudo se más exitoso que el otro, pero ambos, aunque con un mismo objetivo pero andando por caminos paralelos, supieron defender sus ideas así como dejar a través de sus distintas investigaciones un legado importante a la ciencia.

Bibliografía

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Granada, Miguel Ángel, Aristóteles, Copérnico, Bruno: centralidad, principio del movimiento y extensión del universo.

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Jorge M. A. dice:

    Un fantástico relato y da cuenta clara de cómo se va construyendo el conocimiento científico y cómo está sujeto a las presiones del contexto histórico-social. Gracias por este ameno documento.
    Saludos, Jorge

    1. Muchas gracias por tu comentario Jorge. Me alegro que hayas disfrutado del texto. Sí, es un tema muy interesante y amplía la respuesta a muchos por qué. Un saludo.

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